Investigación UAH detecta microplásticos Archipiélago Chinijo
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Una investigación de la UAH detecta microplásticos en playas del Parque Natural del Archipiélago Chinijo, un espacio protegido canario

Una investigación de la UAH detecta microplásticos en playas del Parque Natural del Archipiélago Chinijo, un espacio protegido canario

Los microplásticos han llegado a las costas españolas y, además, a un espacio protegido: un estudio en el que participa la UAH ha detectado densidades de microplásticos de hasta 100 gramos por metro cuadrado en una playa del Parque Natural del Archipiélago Chinijo.

Se trata de materiales envejecidos que se acumulan a lo largo de la línea de costa, principalmente en las zonas más protegidas de la playa. La procedencia más probable es el giro del Atlántico Norte. En esta investigación están involucrados el catedrático Roberto Rosal y otros miembros del grupo de investigación de Gestión Integral del Agua y procesos biotecnológicos, como Carlos Edo.

Se calcula que cada año se producen unos 350 millones de toneladas de plásticos. Un conjunto muy diverso de materiales, en su gran mayoría de origen petroquímico, cuyo ciclo de vida va desde unos minutos a décadas y que requiere una gestión particularmente compleja en el ámbito de la gestión de residuos.  En la UE, en Noruega y Suiza, la cantidad de desechos plásticos recolectados ascendió a 27.1 millones de toneladas en 2016, lo que representa, aproximadamente, la mitad de la cantidad de plástico transformado en los mismos países.  La mitad de los plásticos que ni siquiera se recoge se reparte entre materiales aún en uso y residuos que escapan a la gestión. Estos últimos son los responsables de la aparición de gran cantidad de desechos plásticos en mares y costas. Las acumulaciones de desechos son particularmente altas en los giros oceánicos donde se alcanzan concentraciones de partículas plásticas en superficie de alrededor de 500.000 partículas por kilómetro cuadrado (una partícula por cada dos metros cuadrados, entre 100 y 10.000 veces más que en otras partes del océano). Uno de estos giros, el del Atlántico Norte, lanza los plásticos hacia las Islas Canarias a través de la Corriente Canaria, que circula paralela a la costa africana y es responsable de la acumulación que se observa en las playas de las islas situadas más al norte.

Ahora, investigadores de las universidades de Alcalá y Autónoma de Madrid han muestreado la playa del Àmbar (conocida localmente como Lambra), en la Isla de La Graciosa, que forma parte del Archipiélago Chinijo, situado al norte de Lanzarote. Se trata de una zona con escasa presión turística que forma parte de la Reserva de la Biosfera de Lanzarote y del Parque Natural del Archipiélago Chinijo, un importante espacio protegido marítimo-terrestre en el que se concentran gran número de endemismos vegetales y la mayor biodiversidad marina de Canarias. Las muestras se tomaron a lo largo de la playa y se obtuvo una densidad de materiales plásticos de entre 1 y 5 mm que superó los 100 g/m2 en las zonas más tranquilas y protegidas de la entrada directa del mar.

Los resultados del análisis de cerca de 10.000 partículas plásticas son compatibles con la hipótesis de que se trata de plásticos marinos arrastrados por el viento, no de origen local. En todos los puntos de muestreo se detectaron proporciones de polietileno a polipropileno relativamente elevadas, lo que se puede explicar si corresponden a muestras envejecidas, ya que el polietileno es un polímero muy estable que puede mantenerse durante décadas en el medio ambiente.

Los efectos nocivos de la contaminación por plásticos son múltiples: algunos son obvios,  como los daños estéticos y la consiguiente afectación del turismo o la toxicidad directa producida por su ingestión por organismos marinos o terrestres. Otros más sutiles son la liberación de tóxicos contenidos en los mismos, tales como antioxidantes, pigmentos, plastificantes, retardantes de llama o los catalizadores usados en su polimerización, que quedan incluidos en los materiales. Por otro lado, la fragmentación de los microplásticos lleva inevitablemente a la generación de nanoplásticos, partículas mucho más pequeñas que actualmente no pueden ser cuantificadas en muestras ambientales, pero cuyo tamaño hace posible su paso a los tejidos de los seres vivos con consecuencias aún desconocidas.

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