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Un viaje en autobús de Josep Plá / Por Bartolomé González

Un viaje en autobús de Josep Plá / Por Bartolomé González

Alcalá Paraíso Literario

Hoy os traigo una reciente edición de Viaje en autobús de Josep Pla que ha llegado a mis manos, gracias a la siempre acertada recomendación de mi amigo y librero Javier desde su entrañable rinconcito de la alcalaína librería Cervantes. Fue allá por el año 1942, cuando fue publicada por primera vez, bajo este título, la recopilación de textos de los viajes de Pla por Cataluña, que habían ido apareciendo en la revista Destino en la sección habitual “Calendario sin fechas”. Originalmente escritos en castellano, posteriormente fueron recuperados por el escritor y reescritos en catalán, algunos de ellos tan cambiados que podrían considerarse prácticamente textos nuevos.

Esta obra nos invita a viajar, casi siempre en autobús, a veces en tren, junto a Josep Pla, a lo largo de más de cien  Kilómetros, desde su Ampurdán natal pasando por pueblos como San Feliu de Guíxols, Tossa de Mar, Lloret de Mar, San Pol de Mar, Malgrat, Blanes… hasta llegar a los pueblos del entonces La Maresma, hoy El Maresme: Vilassar de Mar, Vilassar de Dalt, Arenys de Mar, Areny de Munt, Caldetes y Sant Viçenc de Montalt.  Sin duda, no es necesario recurrir a destinos exóticos, como el propio Pla nos dice en el prólogo,  para disfrutar de un viaje agradable y sugerente como el que nos plantea este libro de viajes.

Y llegados a este punto, os preguntareis el motivo de traer a este nuevo paseo literario por Alcalá, un libro que se desarrolla íntegramente en Cataluña. El primero de los motivos es por lo bien que está escrito, convirtiendo en un auténtico placer sumergirse en sus páginas, en las que el autor despliega su capacidad de observación y su fino sentido del humor para, a través de una relajada lectura, hacernos disfrutar del paisaje y la vida de los pueblos de esta bella Comunidad de nuestra querida España.

Para ir abriendo boca, un pequeño aperitivo del prólogo:

La pieza de caza del viajar es la aventura. La aventura es la flor, el perfume del azar y de la diversidad. A veces es una puerta que se abre ante un mundo insospechado, sobre un mundo que se sabe dónde empieza y no se sabe dónde acaba.

En fin, ya que no se puede viajar como antes, hay que viajar de todos modos. Aquí está el fruto de mis recientes, insignificantes vagabundajes. Viajando en autobús, el vuelo es gallináceo.

La finalidad de este libro es triple: primero, aspiro, como todos los autores de libros, a ganar con él algún dinerillo para ir tirando.

Segundo: en el momento de escribirlo he tratado de contrastar hasta qué punto puedo llegar, manejando esta lengua, a la desnudez estilística, a la simplificación máxima de la manera literaria. No tengo ningún inconveniente en confesar que le considerable esfuerzo que he debido hacer –lo digo para que a nadie se le ocurra agradecérmelo- no ha sido logrado.

Finalmente espero –y esto es cosa mía- que este libro será leído dentro de cien años cuando algún curioso- y espero, gustoso- erudito trate de resucitar la vida que estamos arrastrando, el temporal que estamos capeando. Esta tercera finalidad es importantísima. La segunda, también. Y la primera, no digamos.

Ya iniciado el viaje, montado en el autobús, Pla aprovecha los diálogos con los diferentes viajeros para darnos su visión de la época tan dura en la que vivió, la de la España de la posguerra, donde el hambre y la necesidad eran temas recurrentes. Tampoco se olvida de la entonces incipiente despoblación rural, asunto que hoy se ha convertido en un problema que preocupa a todas las administraciones.

Pero, de las muchas conversaciones, voy a elegir una que me servirá después para hablaros del origen de la palabra estraperlo:

-¡Ca, hombre!  -me respondió rápido-. Estas gentes son estraperlistas.

-¿Pero cómo? ¿No hemos de suponer que si lo fueran hubieran dado ya en la cárcel con sus huesos? ¿Usted cree que estos  ciudadanos son los que se laman específicamente estraperlistas?

-¡Lo creo, lo digo, lo afirmo, lo proclamo y lo ratifico! –contestó con una cierta pompa el rústico de color de rosa.

-En este caso –me permití replicar- ha de entenderse sin duda que estos hombres y estas mujeres son en cierto modo adlátares de Daniel Strauss, aquel judío holandés-mejicano que quiso montar hace unos años, en algunas poblaciones españolas y con la colaboración de algunos repúblicos, un juego de ruleta con trampa llamado el estraperlo…

Pues bien, recurro en primer lugar a la  RAE para hablarles del origen de la palabra:

Estraperlo

De Straperlo, nombre de una especie de ruleta fraudulenta que se intentó implantar en España en 1935, y este acrónimo de D. Strauss y J. Perlowitz, sus creadores.

Strauss y Perlowitz fueron dos socios de origen holandés que durante la Segunda República trajeron a España una ruleta eléctrica que se presentó en el Casino de San Sebastián. Parece ser, como defiende Pla en el dialogo anterior, que habían sobornado a varios políticos influyentes para introducirla en nuestro país. Pero la ruleta estaba trucada y las autoridades pronto se dieron cuenta del timo prohibiendo dicho juego. Espero haberos aclarado el origen del término, sinceramente yo, hasta la lectura de este libro, no me lo había planteado.

Sigamos la ruta. En algunos de los pueblos visitados, nuestro viajero se encontrará con antiguos compañeros de estudios con los que compartirá recuerdos que abonaran,  sus reflexiones sobre temas tan variados como el amor, la lectura, la comida, la educación… sin duda francamente interesantes. Me ha parecido curioso que algunas de las cuestiones, por él planteadas en los años 40 del pasado siglo, se repiten, siguen estando de plena actualidad. ¿Habéis oído alguna vez a vuestros mayores quejarse de que la fruta y la verdura han perdido todo su sabor o de que las generaciones posteriores a la suya no van por buen camino?, pues como podréis comprobar con la lectura del libro esto no es nuevo, viene de largo.

Y creo que ya ha llegado el momento de hacer una última parada para contaros el motivo principal por el que he elegido esta obra. Lo encontrareis en el capítulo titulado “Abundancia de fotografías”, en el que, además de quejarse del exceso de fotografías personales que había en la época al pedir fotos para todo tipo de gestiones, Pla se acuerda de nuestra ciudad, cita a Alcalá de Henares:

Y así vamos dejando en la vida un rastro de fotografías. Estos papelitos con monos son a veces enganchados con goma, y en otras ocasiones con un trozo de alambre, a unos documentos que a la corta o la larga van a parar, en grandes cantidades, a unos armarios o estanterías situados en una u otra oficina. Cuando peligren los techos sobre los cuales los armarios se mantienen, su contenido será vendido o quizá trasladado al Archivo General de Alcalá de Henares -que es donde está o estaba (en 1934 cuando lo visité estaba todavía) el Archivo General de los papeles llamados oficiales-. Es de suponer, pues, que llegará un momento que en Alcalá habrá millones y millones de fotografías. Todos los que habremos vivido en esa época, nuestros padres, nuestros hijos, nuestros nietos, quedaremos catalogados allí, en fotografía. Y así, podremos ser examinados y vistos. Porque es de suponer que habrá cola para contemplar los especímenes humanos de la época presente.

Me pregunto, si criticaba entonces Pla el exceso de fotografías ¿Qué pensaría hoy de los selfies?

Y ahora sí termino este paseo o mejor viaje literario. Con la esperanza de  haberos convencido que merece la pena leer a este periodista y escritor en lenguas catalana y castellana, autor de una original y extensa obra literaria, de la que Un Viaje en autobús puede ser un buen comienzo.

Bartolomé González Jiménez

Bibliografía:

PLA, J.: Viaje en autobús, Barcelona, Editorial Destino, 2016

 

 

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