Sidecars: “Es un disco ultravisceral escrito a corazón abierto”
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Sidecars: “Es un disco ultravisceral escrito a corazón abierto”

Sidecars: “Es un disco ultravisceral escrito a corazón abierto”

Por Saúl Quijada

Sidecars, la banda madrileña formada por Juancho, Ruly y Gerbas, publica su cuarto disco de estudio titulado Cuestión de Gravedad. Un álbum que les ha brindado un regalo muy especial, llenar tres noches la Riviera de Madrid.

 Por mucho que nos empeñemos en cambiar la dirección, las cosas siempre caen por su propio peso. La gravedad arrastra y los cuerpos se atraen gracias a ella. Con las distintas fases del amor presentes en las canciones, es un disco que suena al frío de Galicia, a las aventuras en las Rías Baixas y a la nostalgia que provocan el tiempo y los kilómetros. Los acordes que un día pusieron la banda sonora a las noches interminables en el Café Madrid, hoy se han convertido en eco y suenan desafinados. Eso sí, las puertas siempre estarán abiertas esperando una posible vuelta. Se trata de avanzar, de acumular experiencias y de vivir de manera desmedida para llevarse por delante la vida.

Al final van a arder tres Rivieras.

Íbamos a por una porque ya la habíamos llenado con el disco anterior, pero era impensable hacer tres días. Ha sido un regalazo y creemos que es un premio a todos estos años que llevamos en la carretera.

¿Por qué la Riviera?

Ahora mismo el Palacio de los Deportes tiene varios formatos que puedes adaptar dependiendo del aforo. El siguiente paso natural a la Riviera es hacer el ring del Palacio que son 5.000 personas, pero queremos asentarnos bien, ir paso a paso y que las cosas sucedan de manera natural.

Sois un grupo que habéis seguido a raja tabla el supuesto manual del rock que te dice los momentos y las épocas que tienes que vivir antes de dar el siguiente salto. El primer disco era una declaración de intenciones con temas guitarreros y urgentes, en el segundo entraron medios tiempos y hoy estáis en un punto de equilibrio, como hemos podido comprobar en Fuego Cruzado -tercer álbum de estudio- y ahora en Cuestión de Gravedad. ¿Cuál es el balance que hacéis de todos estos años sobre los escenarios?

Estamos recogiendo los frutos de  todo el trabajo y la carretera que hemos sembrado desde que decidimos formar Sidecars. Haberlo pasado mal en algún momento y sufrir cuando hay diez personas viéndote hace que cuando las cosas funcionan las saborees el doble.

 ¿Cómo es Cuestión de Gravedad?

Es un disco ultravisceral escrito a corazón abierto. Tiene mucha artesanía detrás porque nos hemos ido a grabar con toda la banda a la Casa Murada durante 15 días que era algo que teníamos muchas ganas de hacer algún día. Por suerte, hemos podido dedicar muchos meses a las canciones y creo que el resultado es  verdadero y sincero.

Tiene que haber un grado de confianza máximo entre la banda para aislaros durante dos semanas en mitad del campo a grabar.

Era un sueño que, por fin, hemos logrado. Veíamos el documental Exile on main Street de los Rolling y nos moríamos de ganas por hacer algo parecido. Una parte positiva de vivir una experiencia así es que a la hora del directo vamos a sonar de la forma más parecida al disco. La banda de grabación es la misma que la de gira, por lo tanto, tenemos muchas ganas de salir a la carretera todos juntos y defender el tesoro que hemos guardado tanto tiempo.

¿En qué momento os dais cuenta de que lo que estáis dibujando en vuestras cabezas es un nuevo disco?

Las primeras canciones que escribí fueron “Locos de atar” y “Amasijo de huesos”. Son dos canciones que nacieron antes de publicar Fuego Cruzado y que teníamos maquetadas desde entonces.

“Locos de atar” tiene una de las letras más románticas del disco y, de hecho, está escrita en primera persona del plural mientras que en las canciones más nostálgicas está presente la segunda persona del singular.

¡Qué buena lectura, tío! Es verdad que hay momentos de amor en los que la palabra “nosotros” se dice en mayúscula porque hay un sentido real de conjunto. Cuando empiezas a ser uno y otro por separado la cosa se tuerce. “Locos de atar” nos parecía un buen comienzo porque habla de emoción y pasión a muerte. La zona más oscura viene después.

En este disco, ¿se ha utilizado el amor como punto de partida o como final?

Como punto de partida, nexo y final. Creo que el amor es el hilo conductor de todas las canciones incluso de las más dolorosas. Pase lo que pase, el amor es lo que está causándolo todo.

Entrando en la parte instrumental, canciones como “Polvorosa” o “Microinfarto” recuerdan mucho a temas de los primeros discos como puede ser el caso de “Apaga y vámonos”.

Totalmente de acuerdo. Igual que hay una parte sonora que ha ido evolucionando con el paso de los discos, guardamos una zona primitiva dentro de nosotros que es importante no olvidar porque a la gente le gusta y nosotros nos sentimos muy cómodos defendiendo ese estilo de canción. Por ejemplo, “Polvorosa” se ha colado entre los cuatro temas del disco más virales de Spotify.

A nivel de producción, ¿dónde notáis el sello de Nigel Walker?

Es difícil explicar dónde visualizamos su sello, pero si el disco lo hubiese producido otra persona sonaría distinto completamente. Nigel tiene una concepción de las canciones muy amplia y nos aporta ese punto de objetividad que nosotros no somos capaces de ver cuando estamos en toda la espiral de grabación. Que se te haga corto el disco es culpa de Nigel, tiene que ver con el orden y la precisión de colocar las cosas en su sitio.

Volviendo a las letras y fijándonos en el primer single, “Tu mejor pesadilla”, ¿duele más un tatuaje o una canción?

Las dos cosas se quedan para toda la vida, así que diría que empate. Un tatuaje lo vas a ver siempre y la canción te va a trasladar a un momento determinado cada vez que la escuches.

 “Amasijo de huesos” es una declaración de amor fraternal hacia tu hermano, pero tiene un punto de reivindicación personal y de evitar comparaciones porque, a pesar del vínculo sanguíneo y el apoyo constante, tú eres tú.

Es una canción que le dedico porque le quiero y le admiro muchísimo pero, al final, cuando estoy escribiendo también hablo de mí. Soy una persona con muchas inseguridades y a la vez que ensalzo mi admiración por él también cuento mis dudas y lo que supone vivir al lado de una persona con tanto talento. Me falta un libro muy gordo para explicar todo lo que pienso.

¿Hay cierto consuelo en los versos de duda?

Las dudas que te generas en tu cabeza solo las puede solucionar tu cabeza y es algo que cuesta. Por muy claro que lo vea el mundo nadie te puede ayudar.

Entonces el peor enemigo es uno mismo.

Sin duda.

¿Los impulsos suicidas son necesarios o a la larga pesan demasiado?

Van con la personalidad de cada uno y dependen de la situación que estés viviendo en cada momento. Un impulso suicida es un riesgo y como todo riesgo te puede salir bien o mal porque no suelen estar muy meditados.

¿Cuántas flores, cuántos corazones y cuántos cuchillos hay en el disco?

Creo que el corazón es lo que prevalece por encima del resto. Encuentro flores en las canciones en las que estoy venerando e idealizando alguna historia y lo que menos hay es cuchillo.

 ¿Cuándo la historia que cuentas se ha convertido en anécdota es liberador cantarla en directo?

Cuando se conviertan en anécdota me ayudará bastante, pero todavía no estoy en esa pantalla. Hoy por hoy, sufro las canciones, saboreo cada palabra y me emociono en cada verso.

¿Sois conscientes de todo lo que le habéis dado al público?

Pensar que lo que estás escribiendo un día en tu casa le va a hacer compañía a una persona es lo más bonito del oficio. Ese tipo de cosas es lo que le dan sentido a lo que hacemos, que es algo medio abstracto.

¿Abstracto?

Lo hablaba un día con Iván Ferreiro. Los músicos hacemos una cosa que está  en el aire y escribimos música que es algo difícil de tocar con las manos. Lo importante es que a la gente le genere cosas y le remueva los sentimientos.

Durante el directo, ¿os da tiempo a pensar?

En directo puedes emocionarte pero no te da tiempo a pensar en nada. Aunque hayamos bajado revoluciones con respecto a los directos que dábamos hace seis años, la intensidad se mantiene porque no nos gusta dar tregua.

Imagino que será complicado no emocionarse.

Yo cuando toco en Madrid lo primero que hago es ubicar a mis padres y a mi hermana para no mirar allí durante el concierto. Como vea a mi madre emocionada mientras canto estoy jodido y no puedo seguir. La clave del directo es intentar mantenerse frío.

 El otro día leía una frase que decía “Quizá un final inacabado sea el mejor final que existe”.

Es un verso muy bonito, me gusta. Está claro que los finales con punto y seguido son mejores que los definitivos, pero prefiero que no haya un final.

 

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