Roberto Bolaño en clave alcalaína / Por Vicente Alberto Serrano
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Roberto Bolaño en clave alcalaína / Por Vicente Alberto Serrano

Roberto Bolaño en clave alcalaína / Por Vicente Alberto Serrano

Desde la Biblioteca de Babel

Tal vez la narración donde Roberto Bolaño mejor logra perfilar su intensa, heroica, compulsiva pero casi siempre desolada relación que tuvo en vida con la literatura, se contiene en el libro de cuentos Llamadas telefónicas (Ed. Anagrama). La  titula “Sensini”, nombre con el que trataba de ocultar la personalidad de un escritor al que admiraba y al que consigue homenajear con especial respeto en esas páginas. Está basado en una desventura real, Bolaño que desde su llegada a España había ejercido todo tipo de coyunturales oficios: lavaplatos, camarero, basurero y hasta vigilante nocturno de un camping en Casteldefells, también intentaba, por todos los medios, conseguir algunas pesetas presentándose a los más diversos certámenes literarios que por aquel entonces proliferaban por cualquier ayuntamiento de pueblo o ciudad que se preciase de culta. Consiguió un tercer accésit en el Premio de Cuentos Alfambra, promovido por el Ayuntamiento de Valencia. Cuando recibió un ejemplar impreso con los textos de los galardonados, se sorprendió al descubrir que el reconocido escritor Antonio di Benedetto, autor de Zama (Ed. Planeta) obra maestra de la literatura argentina, había logrado, no el primer premio, sino un simple segundo accésit. Benedetto, perseguido, encarcelado, torturado, incluso había sufrido varias simulaciones de fusilamiento por el gobierno de Videla, afortunadamente se había exiliado en Madrid. Desde allí, aunque olvidado, se presentaba a todo tipo de certámenes literarios para tratar de sobrevivir. Bolaño consiguió ponerse en contacto con él y a partir de aquel momento mantuvieron una peculiar relación, no solo de amistad sino también de intercambio de información sobre los diversos premios literarios y sus cuantías. Con aquella experiencia, enriquecida con otros datos y transformada en ficción, Bolaño lograría algunos años más tarde, en 1994, el Premio de Narración Ciudad de San Sebastián. En el relato optó por llamar al protagonista Luis Antonio Sensini y cambiar Valencia por Alcoy, de sonoridad sospechosamente parecida a Alcalá.

Bolaño y libro

Primera edición alcalaína de La pista de hielo de Roberto Bolaño (1993), hoy descatalogada aunque se puede adquirir por precios que oscilan entre los 90 y los 494 euros.

El premio de Alcalá

A sus incondicionales lectores no les resultará extraño que tras una relectura, se pueda descubrir en  “Sensini” algunas claves alcalaínas. Al comienzo de su narración Bolaño escribe: «El premio estaba dividido en tres modalidades: poesía, cuento y ensayo. Primero pensé en presentarme en poesía, pero enviar a luchar con los leones (o con las hienas) aquello que era lo que mejor hacía me pareció indecoroso. Después pensé en presentarme en ensayo, pero cuando me enviaron las bases descubrí que debía versar sobre Alcoy (¿Alcalá?), sus alrededores, su historia, sus hombres ilustres y eso me excedía. Decidí, pues, presentarme en cuento y envié  por triplicado el mejor que tenía (no tenía muchos) y me senté a esperar.  En 1992 la novela La pista de hielo de Roberto Bolaño es galardonada con el Premio de Narrativa “Ciudad Alcalá de Henares”. Su argumento se enredaba en una especie de trama policíaca, a tres voces, en un largo y cálido verano. Protagonizado por un chileno que aspira a ser escritor, un mexicano que se cree poeta pero sobrevive como vigilante nocturno en un camping de la costa y un catalán con dudosas ambiciones políticas; pululando todos ellos alrededor de una patinadora.

Viñas y libro

David Viñas y la cubierta de Ultramar, premiado en Alcalá en 1979.

De David Viñas a Alberto Szpunberg

Meses más tarde, cuando Bolaño recibe ejemplares de su obra publicada, descubre asombrado a otro Benedetto que encabeza la lista de premiados. Se trataba del conocido y respetado escritor argentino David Viñas –también exiliado en Madrid, ante las amenazas de Videla– galardonado, con la novela Ultramar, en la primera edición de aquel Premio de narrativa, 1979; con un jurado presidido por el chileno José Donoso. Al trastear entre el listado de las páginas traseras encuentra además a Alberto Szpunberg, otro argentino exiliado en Barcelona, que al año siguiente, 1980, había alcanzado el Premio de Poesía con Su fuego en la tibieza, y un jurado presidido por el  magnífico poeta y traductor Salustiano Masó, nacido en Alcalá en 1923. Al parecer Szpunberg tan solo sugirió la posibilidad que la edición de su poemario pudiera llevar en la cubierta una ilustración de su hija, de siete años. El libro apareció con un infantil, colorista  pero inquietante dibujo de amor y trágica represión realizado por Victoria Szpunberg Witt que hoy se ha convertido en una reconocida autora teatral,  profesora de dramaturgia en el Institut del Teatre de Barcelona. Queremos pensar que todo aquel material fue más que suficiente para ensanchar los límites del  relato de Bolaño, al descubrir la infinidad de Sensinis que trataban de sobrevivir a la miseria, más allá de dictaduras y de miopías editoriales.

De premios y penurias

Con la llegada del primer ayuntamiento democrático, Alcalá quiso reconvertir sus anacrónicos Juegos Florales en un proyecto literario coherente y realista donde los premiados pudiesen ver su obra publicada, avalada por jurados de prestigio y de este modo proyectar el relato y la poesía a ámbitos muchos más amplios de supuestos lectores ansiosos, tras el paso de una amordazada dictadura. En toda España los ayuntamientos creyeron darse lustre cultural con certámenes literarios donde su falta de sensibilidad lectora trataba de ser suplida por generosos trazos en un talonario. Sin embargo los libros publicados no recibían reseña alguna, ni siquiera en los medios locales. Terminaban aburridos y olvidados en húmedos depósitos, mientras la gestión burocrática de los premios casi siempre terminaba mangoneada por oscuros e incombustibles funcionarios de áspero carácter que solían caracterizarse por recibir con cajas destempladas cada vez que algún autor llamaba para interesarse por el desarrollo de la tirada o pedir un ejemplar más de “su” libro. Afortunadamente autores como Benedetto, Bolaño, Viñas, Szpunberg… conseguían llevarse unos pocos ejemplares para repartir y cierta cantidad de dinero con el que tal vez suplirían algunas necesidades básicas. Después el talonario institucional siempre alegaba cierta endémica anemia a la hora de abonar su trabajo a las imprentas, contribuyendo de este modo, no al desarrollo cultural sino más bien al hundimiento de algunas empresas familiares.

Bolaño revalorizado

Al escritor maldito y provocador desde los lejanos tiempos del Infrarrealismo en México. Al escritor por necesidad refugiado en Blanes y escudriñando certámenes literarios como si de una absurda lotería se tratara. Al escritor compulsivo rechazado por casi todas las editoriales y revalorizado tras su prematura muerte. Al escritor que más de una vez llegó a afirmar que se sentía mucho más feliz leyendo que escribiendo: le resultaría patético, o tal vez simplemente divertido, contemplar como hoy se disputa la reedición de sus textos una potente editorial, relanzando toda su obra como primicia, envuelta en cubiertas de pésimo gusto. Y ante las necesidades que pasó en vida, nos gustaría poderle señalar que la primera edición de La pista de hielo, publicada por la extinta Fundación Colegio del Rey, se encuentra hoy descatalogada, aunque aún se pueden lograr ejemplares, seguramente intonsos –compitiendo con otras falsas primeras ediciones de la editorial Planeta de Chile y Seix Barral de Barcelona– a través de Iberlibro, con unos precios que oscilan entre los 90 y los 494 euros. Sería grato pensar que en este momento, en algún lugar, un escritor desconocido o rechazado, está escribiendo otra narración similar a “Sensini”, dedicada por supuesto a Roberto Bolaño.

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