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¿Por qué no es bueno sobreproteger a nuestros hijos? / Por Sonia Andrade

¿Por qué no es bueno sobreproteger a nuestros hijos? / Por Sonia Andrade

Como progenitores sentimos la necesidad de  proteger constantemente a nuestros hijos. Recuerdo con añoranza mis tardes en la calle. Después de clase, llegábamos a casa y bajábamos solos a jugar  sin miedo  a que algo nos sucediera. Hoy en día las calles están vacías, y si hay niños, están acompañados por sus padres o cuidadores por temor a que les ocurra algo. “Vivimos con miedo”, quizás por todas las noticias que nos llegan  a diario y nos mortifican. No recuerdo que me revisaran las tareas ni me llevaran a academias, nuestras tardes eran para dedicarlas a jugar. Hoy  Sus ratos libres están ocupados con múltiples actividades. No tienen tiempo para jugar como lo hacíamos cuando teníamos su edad. A esto hay que añadir el sedentarismo y las nuevas tecnologías. En veinte años la educación ha cambiado. Los niños de hoy tienen mucha menos libertad que nosotros a su edad.

Actualmente se habla mucho de los padres y madres “helicóptero” llamados así porque sobrevuelan  sin cesar la vida de sus hijos, los “padres  y madres agenda” (que revisan a diario sus tareas y les recuerdan las fechas de pruebas y actividades). ¿Por qué este afán de quitarles responsabilidades? Otorguemos  herramientas básicas a nuestros hijos  para que crezcan con madurez y  autonomía.

Detrás de esta sobreprotección está el miedo y  deseamos convertirnos en madres y padres perfectos, pero la perfección en educación no existe. Una cosa es proteger y otra muy distinta “sobreproteger”.

Imagen de Sasin Tipchai en Pixabay .

Imagen de Sasin Tipchai en Pixabay .

Esta atención parental excesiva  solo crea personas inseguras y dependientes. Nuestra constante aprobación puede crear frustración a nuestros hijos para tomar decisiones impidiéndoles gestionar sus emociones. No  les permite desarrollar estrategias para enfrentarse a los problemas que se les puedan presentar. La falta de iniciativa propia, el desinterés por conocer sus habilidades y  la insatisfacción por sus propios logros son algunas de estas consecuencias de estos comportamientos hiperprotectores .Como progenitores debemos estar cuando nos necesiten, les serviremos de apoyo, de guía, les enseñaremos a salir de esa zona de confort para que alcancen su madurez con seguridad. Exijámosles obligaciones y responsabilidades propias de su edad, otorguemos importancia de la tolerancia a la frustración. Esta habilidad emocional enseña a los niños desde temprana edad que no todo es posible, que no todos los caprichos  se pueden obtener. Que vivimos en un mundo real marcado por normas. Tolerar la frustración te ayuda a superar obstáculos, a esforzarte, a tener éxito en la vida. Enseñémosles que cuando uno se cae  tiene que aprender   a levantarse, porque como bien dice este proverbio ruso: “Caer está permitido, pero levantarse, es obligatorio”.

 

Sonia Andrade es licenciada en Psicopedagogía, diplomada en Magisterio infantil y Primaria y diplomada en Educación Social

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