La vida puede ser maravillosa - RSD Alcalá 3 - 2 Unión Adarve
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Fútbol: La vida puede ser maravillosa – RSD Alcalá 3 – 2 Unión Adarve

Fútbol: La vida puede ser maravillosa – RSD Alcalá 3 – 2 Unión Adarve

Fútbol. Tercera División.

Por Carlos Gutiérrez. Crónica.

Tu piel, como toda la materia del mundo, está hecha de átomos cuyas capas externas están plagadas de electrones. Cuando la luz del Sol los alcanza, los átomos de la piel y sus electrones atrapan algunos fotones que se convierten en electrones excitados, los cuales forcejean más rápidamente y crean el calor del que disfruta (o no) tu cuerpo.

Se trata de un descubrimiento increíble que vuelvo a repetir: la materia y la luz pueden transformarse la una en la otra, y así lo hacen.

En nuestro mundo, todo es un juego de materia y luz.

Pero no solo de eso.

Parafraseando a Andrés Montes, a veces la vida puede ser maravillosa. Te levantas un domingo a las 8:02, trece minutos antes de que suene el despertador; te estiras ruidosamente, preparas café mientras miras el Comunio y, en un instante extraño, sin saber muy bien por qué, de la nada aparece una sonrisa. Así es; a veces, muy pocas veces, ínfimas veces, la vida, sí; esta vida, puede ser maravillosa.

Llueve a ratos en Alcalá. Una nube kilométrica gris cine años 30 se cierne sobre El Estadio Municipal del Val. Dentro huele a césped mojado, a café recién hecho y a latidos. El rival es duro, el Unión Adarve es el segundo clasificado de la VII de Tercera; pero el Alcalá encadena una racha de juego y puntos que están transformándose el uno en lo otro: en materia, en luz y, no solo eso; en energía; tanto los jugadores como la grada. Los aficionados, dispuestos con paraguas y abrigo, sintieron el calor de un equipo que pese a sus desórdenes defensivos tuvo algo que es nuclear, básico y esencial en el fútbol: corazón.

Pese a, otro partido más, comenzar remando a contracorriente desde el minuto 9 tras un desajuste defensivo que propició el 0 – 1; Dani Navarro, de nuevo, puso primero a balón parado el 1 – 1 (córner al primer palo que remató Dani Ponce) y el 2 – 1 (centro de falta en el pico del área que cabeceó Gonzalo). Tras el empate a 2 en el 81; el equipo no solo no se desmoralizó, si no que escenificó sobre el campo el sueño de cualquier partido de fútbol. Empuje, aguante, espíritu, lucha. En el minuto 93 Mario roba en tres cuartos de campo propio, el Alcalá sale arriba con todo, balón hacia Alamancos en la frontal del área para que conecte con Ponce, este acomoda el cuerpo y dispara. Joder. Al larguero. Mierda. Otra vez. Oportunidad fallada. Como siempre.

Pero no. Esta vez no, como siempre no. El 09/11 a las 17:48 no. Esta vez se materializó la magia que engancha al puto fútbol; esos segundos que casi nunca acontecen y que normalmente generan minutos de cólera, horas de enfado, días de oscuridad. Esta vez aparecieron los positrones; la antimateria; la generación espontánea de una vida que puede ser maravillosa. El rebote del larguero le cae a Mario, que dribla controlando el balón caído del rechace y empala raso cruzado al palo largo. Gol. Remontada. 3 – 2. Imaginario colectivo. Conversión de masa en energía. Gritos que acaban el aire en los pulmones. Recuerdo perpetuo.

Pobre ellos, aficionados de fútbol de primera viendo el Valencia Granada succionados por la manta y el sillón en el salón de casa mientras dejan que las vocecillas de los comentaristas se escuchen más y más lejos hasta caer en una siesta de domingo infame.

Pobre nosotros, aficionados al fútbol de tercera que nos descubrimos a nosotros mismos gritando como niños mientras notamos como recorre nuestro cuerpo de pies a cabeza un sentimiento inútil pero tan tan tan parecido a la felicidad.

RSDA Alcala

 

El otro día Mendilibar en rueda de prensa dijo que los periodistas normalmente saben poco de fútbol. Que han estudiado otra cosa. Como casi siempre Mendi tiene toda la razón. Todos deberíamos de aplicarnos el cuento un poquito más. Tratar de aceptar, asumir, entender y comprender el fútbol desde esa perspectiva; desde el punto de vista de aficionados. Y aprender. Y disfrutar un poco más. Ver correr a los jugadores hasta fundirse en un abrazo común hizo que entendiéramos muchas cosas.

El fútbol no es tan grave. La vida no es tan difícil. El fútbol es tan bonito. La vida es tan maravillosa.

 

 

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