La envidia es 'mu mala' / Por Anabel Poveda
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La envidia es ‘mu mala’ / Por Anabel Poveda

La envidia es ‘mu mala’ / Por Anabel Poveda

¡Madre mía!, está el patio que voy a tener que salir de casa con un collar de ajos, una cruz, una cinta roja, una mano de Fátima, un elefante sagrado y un frasco con alcohol, romero y sal.
Ya no está una a salvo de la maldad ajena ni entre sus propias amigas.

Resulta que el otro día nos reunimos las “Gorrionas” para darle la bienvenida al primer miembro de la segunda generación. Nuestra amiga María vive en Londres desde hace unos años, y allí ha nacido Victoria, un bomboncito de cinco meses que todavía no habíamos tenido el placer de achuchar.

bombones

El festival de hormonas que organizamos cuando vimos a la niña fue mucho. Nos faltó ponernos a llorar, pero es que la nena es preciosa y tiene unos mofletes dignos de mordisquear.

La velada fue un auténtico placer: risas, confidencias, mucho chocolate y un bebé al que lo mismo poníamos a bailar por bulerías, que marcaba una variación de ballet clásico… es lo que tiene tener unas tías locas de atar.

Cuando creíamos que la cosa no podía mejorar, llega Celia, pinzas de depilar y tijeritas en mano, y se ofrece para arreglarnos las cejas. Tengo que decir que, en otra vida, debió ser esteticista porque tiene una precisión quitando pelillos que es de alabar.3

 

Por aquello de que la mami primeriza ahora tiene poco tiempo para estos menesteres, fue la primera en pasar por el improvisado salón de belleza. Diez minutos después estaba divina de la muerte y se suponía que había llegado mi turno cuando una listilla me tomó la delantera, se tumbó en el sofá todo lo larga que es, y como ya tenía las cejas depiladas, le pidió a nuestra asesora de belleza que le diera un masajito en la cara.

Cuando llevaba media hora de sobeteo facial, medio dormida y con un chorrillo de baba colgandero, reclamé mi turno y exigí mi tratamiento estético.

Mi predecesora, de la que no daré el nombre y que responde a las iniciales A.A., se levantó contrariada y me cedió el sitio con cara de “venga mona que eres muy pesadita”.

Me tumbé dispuesta a disfrutar de mi momento y cuál fue mi sorpresa cuando, apenas me había empezado a dar la crema de A.A. en la cara, empiezo a sentir un picor horrible, escozor, quemazón… le pido a la masajista que pare, me voy al baño y me doy cuenta de que tengo la cara incandescente, como si me hubiera queda dormida al sol o me hubiera ido a esquiar con Pocholo y Borjamari sin protección 50.

cararoja

Todavía no sabemos muy bien qué extraña reacción alérgica sufrió mi piel al contacto con esa crema (supuestamente inocua), pero empiezo a pensar que A.A. le puso chili, menta, zumo de limón, pimienta, cayena y un escupitinajo. Ella dice que no, pero yo no me fío…

aloevera

Necesité media hora de hielo en la cara, un kilo de crema de caléndula para culito de bebé y aloe vera para recuperar un color facial que no diera miedo.

De lo que son capaces algunas por cinco minutos más de cosquillitas… La venganza se sirve en plato frío.

I’ll be back!

PD: Algunas, en su afán por defenderse, podrían catalogar este texto de ciencia ficción.

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