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‘La catedrática’, de María López Villarquide / Por Bartolomé González

‘La catedrática’, de María López Villarquide / Por Bartolomé González

Alcalá Paraíso Literario

Hoy os traigo una novela reciente, escrita por María López-Villarquide, La Catedrática[1], obra de ficción que narra la vida de una mujer, de Luisa de Medrano, que fue la primera catedrática del mundo. He elegido este libro porque, además de que parte de la trama se desarrolla en Alcalá, me va a permitir hablaros de otras dos mujeres, que al igual que la protagonista, son algunas de las muchas que han sido silenciadas por la historia.

De Luisa de Medrano Bravo de Laguna Cienfuegos, mujer española que vivió a caballo de los siglos XV y XVI, apenas conocemos algunos datos. Como nos comenta la escritora en una entrevista publicada el pasado mes de abril en el Diario de Galicia, hablando de la vida de Luisa: “tuve que novelarla, la historia no es real pero sí verosímil”.

Sí sabemos que Luisa, nacida en 1484 en Atienza, provincia de Guadalajara, antepenúltima de nueve hermanos de una familia aristocrática,  fue profesora de las hijas de Isabel la Católica, de la que pudo contar con el apoyo, para convertirse en la primera catedrática española, impartiendo sus lecciones de latines y gramática en la Universidad de Salamanca.

No sabemos cómo fue su aspecto físico, ni se conservan sus textos escritos. Y para simbolizar su silencio, la autora tampoco le da la palabra, serán otros personajes reales, que ella si conoció, quienes asumirán el protagonismo, y quienes le prestarán la voz que nunca tuvo. La princesa Juana, Fernando de Rojas y su hermano Luis Medrano, rector de la Universidad de Salamanca, hablaran por ella para regalarnos “un relato apasionado, novelesco, de una mujer admirable que supo mantenerse en pie entre las inquinas académicas y el torbellino del amor”, como podemos leer en la sinopsis del libro.

lacatedratica

Esta misteriosa mujer, como recrea la novela, pudo sustituir al maestro Antonio de Nebrija en las clases de Gramática que impartía en la Universidad de Salamanca. El autor de la primera Gramática Castellana llevaba muchos meses viviendo en nuestra ciudad llamado por Cisneros para colaborar en su proyecto universitario y en la edición de la Biblia Políglota Complutense. Las normas académicas imperantes en aquella época disponían que la ausencia continuada durante cuatro meses, constituía causa suficiente para destituir a alguien de su cátedra y remplazarlo. Así lo cuenta la novela:

Luisa no puede contener el entusiasmo de saberse de vuelta en las Escuelas. Está a un paso de licenciarse y la tregua obligada de la peste no ha hecho más que multiplicar sus ansias.

-Me dice mi amigo que Antonio de Nebrija lleva unas semanas recorriendo los pasillos del centro y que, con total seguridad, se podrá regresar a las clases la próxima semana, señora. Nebrija ha sido llamado por Cisneros a su fundación en Alcalá de Henares y, como va a quedarse su cátedra desocupada, se habla de una nueva convocatoria para cubrirla

Fernando y ella se miran en cuanto el mozo termina de pronunciar sus noticias. Es todo demasiado bueno para ser cierto. Parece que se abre de nuevo el cielo de Salamanca y que hay oportunidad de regresar por el camino que mi señora había tomado cinco años antes.

Es hora de recoger nuestros bártulos y ponerse en marcha.

Los hermanos Medrano se ponen en marcha hacía nuestra ciudad en busca de Nebrija:

Llegamos a Alcalá agotados por un trayecto a pleno sol y los áridos vientos de la Meseta. Los traslados estivales solo se les deberían permitir a los viajeros jóvenes con tanta fortaleza como para afrontar el clima más hostil. Los hermanos Medrano cumplimos con el precepto, aunque Luisa acusa mareos durante todo el trayecto, hasta que bajamos del carruaje y pisamos tierra firme.

Y así les recibe Alcalá:

En cuando salimos a la calle, la tarde nos sorprende por la pureza del aire y el silencio que baila con las copas de los árboles. Las cigüeñas comienzan a considerar el inicio de sus vuelos hacia África, pero aún no se han desprendido del calor sofocante del verano. El sol les concede una tregua a los alcalaínos, al menos hasta las doce del mediodía.

El recorrido por las calles de una ciudad de color blanco me sorprende. Estoy más acostumbrado al recogimiento de la piedra salmantina que a esta acumulación de ladrillos y adoquines de Alcalá de Henares. Algún que otro árbol salpica las esquinas de barriadas, construidas a golpe de soportales. Aquí la sombra es un privilegio y los edificios se disponen persiguiendo el preciado tesoro de la brisa fresca.

Después de estas breves pinceladas de la novela, que espero sirvan para despertar vuestro interés por su lectura, os voy a hablar de las otras dos mujeres que os anticipé al principio: Francisca de Nebrija, catedrática de Retórica en Alcalá y de María Isidra Guzmán de la Cerda, la “Doctora de Alcalá”.

La primera de ellas, contemporánea de Luisa, Francisca, hija de Antonio de Nebrija, creció a la sombra de su famoso padre eclipsada totalmente por él. Mientras que del padre, notable humanista, astrónomo, historiador, poeta, pedagogo y autor de la primera gramática castellana… se conoce todo, de ella sabemos poco más que fue hija suya y de Isabel de Montesinos de Solís; que fue un erudita y que colaboró eficazmente con su padre en la elaboración de la Gramática de la Lengua Castellana; e igualmente que le sucedió en la cátedra de Retórica de la universidad de Alcalá, convirtiéndola, con Luisa Medrano, en una de las primeras profesoras universitarias españolas.

De la otra, de María Isidra, conocida como la doctora de Alcalá, sabemos mucho más gracias a la excelente labor de investigación realizada por la historiadora María Jesús Vázquez Madruga, que dio lugar al libro Doña Mª Isidra Quintina de Guzmán y de la Cerda, Biografía[2], publicado por el Centro Asesor de la Mujer de Alcalá de Henares en el año 1999, y que os invito a leer para descubrir a esta gran mujer que en el siglo XVIII se convirtió, con muchas trabas y zancadillas, en la primera mujer en ostentar en España el título de doctora y la dignidad de académica de la lengua.

Me gustaría terminar este paseo literario con una felicitación y una petición, ambas para la autora, María López de Villarquide. La primera por haber dado brillantemente voz a Luisa de Medrano y la segunda que me encantaría que su pluma también lo hiciera con las otras dos protagonistas de este artículo: con Francisca y con María Isidra.

Y ahora sí, acabo como lo hace la novela que hoy os presento en su contraportada, con un alegato feminista, unas bellas palabras escritas por Lucio Marineo Sículo y que muestran la admiración que el humanista siciliano tenía por la sabiduría de Luisa de Medrano:

Tú que en las letras y elocuencia has levantado bien alta la cabeza por encima de los hombres, que eres en España la única niña y tierna joven que trabajas con diligencia y aplicación no la lana sino el libro; no el huso sino la pluma; no la aguja sino el estilo[3].

Por Bartolomé González Jiménez

[1] López Villarquide, María: La Catedrática, Espasa, Barcelona, 2018

[2] Vázquez Madruga, María Jesús: Doña Mª Isidra Quintina de Guzmán y de la Cerda, Biografía, Centro Asesor de la Mujer, Alcalá de Henares, 1999

[3] Marineo Sículo, Lucio: Opus epistolarum, Valladolid, 1514

 

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