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Juan Marsé revisitado / por Vicente Alberto Serrano

Juan Marsé revisitado  /  por Vicente Alberto Serrano

Desde La Oveja Negra

«Si esta voz me sirve para algo» es un verso que mi memoria arrancó, hace ya muchos años, del libro El oficio de la necesidad al que –en 1979– un jurado compuesto por José Manuel Caballero Bonald, Luis Antonio de Villena y Pedro Atienza, otorgó el primer premio de poesía Ciudad Alcalá de Henares. Su autor José Méndez nos ha demostrado, con toda su obra posterior, que su voz nos ha servido para mucho. Casi veinte años después de aquella iniciación poética, la editorial Espasa-Calpe publicaba Las mujeres de Juanito Marés, una antología de textos de Juan Marsé, en edición de José Méndez. Este verano, por razones evidentes, he regresado a Marsé, he vuelto a trastear por sus novelas, sus cuentos y hasta por aquellos cachondos daguerrotipos con los que salpicaba de personajes y personajillos las páginas de la revista Por favor.

Las mocitas de Catalá Roca

Guía fundamental, recordatorio necesario e imprescindible para esta aventura resultaba la antología de Pepe Méndez que ya, desde su cubierta, conseguía sintetizarnos el universo de Juanito Marés. El recortado encuadre de la foto de Francesc Catalá Roca con aquellas mocitas paseando sus traseros por la Gran Vía madrileña en tiempos de penuria y cínica moralidad, sirven de pórtico a los fragmentos que se contienen en el interior del libro. Pero antes, en la solapa nos encontramos con el retrato de Marsé –fotografiado por Luis Palomares, el marido de Carmen Balcells– mostrando ese careto que se ajusta perfectamente a tal como él se autoperfilaba en las páginas del Por favor: «El rostro, magullado y recalentado, acusa diversas y sucesivas estupefacciones sufridas a lo largo del día […] Hay en los ojos harapientos, arrimados a la nariz tumultuosa, una soñolienta nostalgia del payaso de circo que siempre quiso ser».

Cubierta del primer libro de poemas de José Méndez y de la antología de textos de Juan Marsé.

Cubierta del primer libro de poemas de José Méndez y de la antología de textos de Juan Marsé.

Los aventis de Juanito Marés

Nada más iniciar la extensa y clarificadora introducción a los textos seleccionados, José Méndez afirma rotundamente que «…nos encontramos ante uno de los escritores más personales, profundos y significativos del español del siglo xx…». Aclaración que sus lectores incondicionales consideramos innecesaria porque, como los desarrapados chavales del Carmelo, siempre quedábamos embelesados con los intrigantes aventis que nos contaba Juanito Marés. “Historia de detectives” relato seleccionado del volumen de cuentos Teniente Bravo (Ed. Seix Barral) sirve perfectamente para introducirnos en el universo literario de Marsé y comenzar con él un viaje iniciático, a bordo de aquel viejo Lincoln desvencijado y varado en la piojosa penuria de posguerra.

El descapotable de Oriol Maspons

En 1966 una cubierta perturbadora nos mostraba un descapotable en marcha. Parecía como si Teresa Serrat nos estuviera incitando a acompañarla a través de una ilusoria aventura hacia la modernidad y la supuesta rebeldía universitaria en los años de plomo. Manolo, el Pijoarte cayó en la trampa. La foto era de Oriol Maspons; el libro lo editaba Seix Barral; la novela de Juan Marsé, con el título Últimas tardes con Teresa, acababa de recibir el Premio Biblioteca Breve 1965.

Descubrimos entonces que a veces los perdedores no solo sueñan, sino también actúan. Deciden bajar a la ciudad para robar o simplemente para husmear a esa clase privilegiada. Manolo Reyes, más conocido como el Pijoaparte es maestro en el arte del engaño y la seducción y así se introduce en una fiesta de jovencitos burgueses haciéndose pasar por uno de ellos. Sin embargo yerra en el tiro, seduce a la que cree hija de los dueños del chalet. A la mañana siguiente descubre, en una escena magistral, que se ha acostado con la criada de los señores. De este modo arranca Últimas tardes con Teresa, una historia que cuenta como Teresa Serrat, universitaria progre y rica, también yerra en el tiro al sentirse seducida por un simple ladrón de motos al que ella cree un revolucionario militante político.

Cubierta de “Últimas tardes con Teresa” y Juan Marsé retratado por Luis Palomares.

Cubierta de “Últimas tardes con Teresa” y Juan Marsé retratado por Luis Palomares.

A la búsqueda del universo Marsé

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Veníamos de los relatos de Ignacio Aldecoa y aterrizamos en las novelas de Juan Marsé. A través de aquella literatura de la adolescencia, tratamos de apuntalar en tiempos difíciles, la desoladora escenografía de nuestro entorno. Revisitar la selección de textos que preparó en su día José Méndez nos ha gratificado y ha supuesto reencontrarnos con Juanito Marés, Teresa y el Pijoaparte, la prima Montse, Sarnita y el Java, la temerosa Rosita o el capitán Blay… Después, tras El embrujo de Shanghai (1993), la última novela que recoge esta antología, nos hemos visto obligados a continuar el camino solos. Tal vez en el empeño por rememorar y completar el universo Marsé, aunque, con sus luces y sus sombras, porque tras una larga espera nos decepcionó Rabos de lagartija (2000) y mucho más Canciones de amor en Lolita´s Club (2005) y Caligrafía de los sueños (2011). Seguíamos empeñados en la búsqueda de aquel aliento lejano de un mundo literario que nos sobrecogió en otro tiempo y reencontramos más tarde en el relato Noticias felices en aviones de papel (2014) y en la novela Esa puta tan distinguida (2016).

La convicción moral de escribir bien

El 23 de abril de 2009, desde la tribuna del Paraninfo, en el acto de entrega del Premio Cervantes, Juan Marsé defendía que el cuidado de la lengua es la única convicción moral del escritor. Él, uno de los mejores narradores contemporáneos, no solo tuvo en todo momento la convicción moral de cuidar la lengua, sino que en la maestría de su manejo, nos legó un territorio literario sembrado de personajes imborrables en nuestro imaginario. Aparte de su labor novelística, no podemos olvidar la divertida y provocadora aventura del Por favor, perpetrada compañía de Manolo Vázquez Montalbán, Perich, Forges y toda aquella cuadrilla que durante el Régimen fueron capaces, cada semana, de ponerle el pelo como escarpias al Ministro del ramo con su arriesgado sentido del humor en un tiempo que no se prestaba precisamente para bromas.

Juan Marsé y Manuel Vázquez Montalbán, autores del relato “Caperucita y el Lobo” para la revista “Por favor”.

Juan Marsé y Manuel Vázquez Montalbán, autores del relato “Caperucita y el Lobo” para la revista “Por favor”.

Caperucita y el Lobo

En 1975, en la sección “Polvo de estrellas” de la revista Por favor, Vázquez Montalbán y Marsé redactan a cuatro manos un cuento que narra el encuentro erótico entre Caperucita y el Lobo. Son juzgados y condenados a pagar una multa de 3.500 pesetas, acusados de faltas contra el orden público. El fiscal pregunta a los acusados ¿Qué intención tenían al escribir que Caperucita engañó al lobo y se lo llevó a la cama?, a lo que Marsé respondió: «Quería que el lobo se lo pasara bien». Con estos mimbres no es extraño que una de las revistas más odiada por el franquismo sufriese continuas multas, secuestros y suspensiones.

 

 

 

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