José Miguel Ganga, fotograma a fotograma / Por Vicente Alberto Serrano - Noticias de Alcalá de Henares e información multimedia 24 horas al día
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José Miguel Ganga, fotograma a fotograma / Por Vicente Alberto Serrano

José Miguel Ganga, fotograma a fotograma / Por Vicente Alberto Serrano

Desde La Oveja Negra

Hace algunas semanas el Foro de Henares emplazaba al guionista y director de cine José Miguel Ganga para que disertara sobre el tema “El cine en los tiempos de la represión”. Con formato de conferencia se desarrolló en el salón de actos de la Escuela de Arquitectura. Tal vez, en estos tiempos que corren,  la estructura de conferencia comience a resultar algo anticuada, acartonada y bastante tediosa. Es  posible que el conferenciante coincida conmigo en estas afirmaciones. Sin embargo aquel día su proverbial generosidad le llevó a desarrollar con impecable estilo, un largo recorrido a través de esa nefasta censura cinematográfica que tuvimos que soportar y sufrir toda una generación. Una época en que la oscuridad de las salas de cine y el aire fresco de las terrazas de verano se convirtieron en nuestro refugio, elemento indispensable para conformar nuestra educación sentimental, a pesar de los cortes, añadiduras nada subliminales y la tajante prohibición de títulos fundamentales. Aquella guerra lejana, con posguerra omnipresente, no la ganaron solamente los militares rebeldes. Fue la clara victoria de la iglesia que bien pronto se hizo notar para preservar nuestra salud patriótica y sobre todo nuestra salud moral, a pesar de que ellos –precisamente– no solían, ni entonces ni ahora, predicar con el ejemplo, sino todo lo contrario. Ya lo predijo un lúcido y desencantado Miguel de Unamuno:  «…pero no hay nada peor que el maridaje de la mentalidad de cuartel con la de la sacristía porque el grosero catolicismo tradicionalista español apenas tiene nada de cristiano».

La sombra de la tijera

Sin embargo la sombra de la tijera, como la del ciprés, siguió siendo alargada y ni siquiera pudo emborronarla del todo la pesada losa funeraria del Valle de los Caídos. Pepe Ganga nos habló aquel día de Raza, Mogambo, Gilda, La huida, Vértigo, Con la muerte en los talones… por supuesto también de El verdugo y, como no, de Viridiana. Hasta llegó a evocar el recuerdo lejano y afortunadamente desdibujado del estreno de Franco, ese hombre en un cine de esta ciudad, paradójicamente llamado “Paz”.  Aquel recorrido –de 1939 a 1975– resultó tan largo y pródigo en estrafalarias prohibiciones, casi siempre morales, que apenas si llegamos con aliento, pero sobre todo sin tiempo para que pudiera explayarse narrando sus propias experiencias, que era lo que muchos estábamos esperando.

José Miguel Ganga durante el rodaje de “La mujer feliz”, de espaldas aparece Antonio Pueche, director de fotografía.

José Miguel Ganga durante el rodaje de “La mujer feliz”, de espaldas aparece Antonio Pueche, director de fotografía.

Yo nací –¡respetadme!con el cine

Este verso, arrancado a un poema de Rafael Alberti en su poemario Cal y canto, podría servir de escapulario o tatuaje para marcar la trayectoria vital de Pepe Ganga, cambiando únicamente una preposición: «Yo nací –¡respetadme!– para el cine». Hace poco más de treinta años, por estas fechas –2 de junio de 1988–, aparecía en el diario El País una entrevista con él. El motivo: fin del rodaje de La mujer feliz, protagonizada por Carmen Maura y Antonio Banderas; guión y dirección de José Miguel Ganga. Con ese capítulo arrancaría La mujer de tu vida, una serie de trece episodios con argumentos independientes que en semanas sucesivas se iría emitiendo en Televisión Española. Cada uno de ellos bajo una dirección de prestigio: José Luis García Sánchez, Emilio Martínez Lázaro, Gonzalo Suárez, Ricardo Franco, Miguel Hermoso, Fernando Trueba, Jaime Chavarri, Imanol Uribe y Fernando Fernán Gómez, entre otros. En aquella entrevista se le preguntaba a Pepe sobre sus directores favoritos: «Comienza entonces –escribe la periodista– a enumerar los personajes del cine sin los cuales su vida hubiera sido completamente diferente, y la lista se hace casi interminable. Cómo voy a dejar fuera a Godard, y a Ford, y a Hitchcock, y a Buñuel, y a Chaplin. Y continúa citando nombres». Creo que fue en aquella entrevista donde afirmó que la filosofía de la vida la había aprendido en la oscuridad de los cines. Mientras que él siempre recuerda como película mítica Hatari! de Howard Hawks descubierta durante su infancia en un cine de verano. Yo no puedo olvidar otra noche, en la terraza del cine Grande, cuando grabó íntegra, con una cassette rudimentaria los diálogos de toda la banda sonora de una película que considerábamos de culto, El extraño viaje, de Fernando Fernán Gómez.

Carteles de tres de sus largometrajes.

Carteles de tres de sus largometrajes.

Fotograma a fotograma

Aparte de un experimento inicial rodado en Super 8 con título tan enigmático Yo soy Nata Parvelin y del que incluso llegó a pintar su cartel e ilustrarse una camiseta de autopromoción. Su primera experiencia en 35 mm fue el largometraje Paraíso, producido por Luis Revenga, que ya en 1977 aún tuvo serios problemas con la censura, pero pudo estar presente en el Festival de Taormina. El primerizo director la consideraba como  «…el resultado de cinco cortometrajes salidos de una coctelera». Algunos la recordamos como una especie de collage donde se intercalaba el blanco y negro con el color en una entrecortada narración que merecería hoy una sosegada revisión. En 1987 estrenó, no sin ciertas dificultades, Rumbo Norte una road movie protagonizada por Omero Antonutti, Kiti Manver y Terele Pávez, inspirada en un relato de Robert L. Stevenson. Tras el éxito en televisión de La mujer feliz, el controvertido productor José Frade le confió en 1994 el encargo de llevar al cine la versión que el propio Frade había realizado del conocido éxito teatral de Alonso Millán, El cianuro… ¿sólo o con leche?, ofreciéndole un reparto espectacular: Fernando Rey, Aurora Redondo, Maribel Verdú, Jose Coronado, Carmen Conesa y Rosa María Sardá. Ese mismo año contó con Miguel Bosé, Enma Suárez y Juan Luis Galiardo para filmar Enciende mi pasión. En la conferencia de hace pocas semanas, Arsenio López Huerta intervino para evocar aquellos legendarios cine-clubs de la Sala Vicente Tosca y el Club Nebrija. Han pasado los años y otra serie de largometrajes de José Miguel Ganga esperan su exhibición en una sala de cine: Bajo un cielo extranjero o Tentaciones por ejemplo, que junto a las anteriores merecerían una revisión, seguidas de coloquios con su director y algunos de los protagonistas. Sería algo mucho menos acartonado que una conferencia, al tiempo que nos permitiría regresar a una filmografía peculiar y diversa en alguno de aquellos cine-clubs que añoraba Curro.

Silvia Marsó, Maribel Verdú, Lia Chapman, el director y Ana Risueño durante el rodaje de la serie “Canguros”.

Silvia Marsó, Maribel Verdú, Lia Chapman, el director y Ana Risueño durante el rodaje de la serie “Canguros”.

Canguros

Ante los resultados en taquilla de El cianuro…, su productor José Frade le ofreció a Pepe Ganga dirigir una serie para televisión. Reunido con dos de sus mejores amigos –que incluso firmaron algunos de los primeros guiones– idearon Canguros, serie que arrasó en Antena 3 durante tres temporadas y de la que llegaron a filmarse 65 episodios. A partir de aquí José Miguel Ganga fue reclamado por otras productoras para recrear historias con destino a las televisiones. Durante ese tiempo llegó a dirigir 210 capítulos para distintas series como: London Street, Abierto 24 horas, ¡Ala… Dina!, Una de dos, La casa de los líos… y hasta una de ellas: Tres hijos para mi solo, tuvo que defenderse frente a un delito de plagio perpetrado por la productora de Médico de familia. Pero eso, evocando a Kipling, es otra historia que algún día se verá obligado a contarnos José Miguel Ganga, cuando se tenga el acierto de proyectar una integral de su filmografía.

 

 

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