José Antonio Guardiola: 'Los reporteros tenemos un contrato con la realidad que vivimos'
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José Antonio Guardiola: ‘Los reporteros tenemos un contrato con la realidad que vivimos’

José Antonio Guardiola: ‘Los reporteros tenemos un contrato con la realidad que vivimos’

El director del programa ‘En portada’, de RTVE, es el séptimo galardonado con el Premio ‘Cátedra Manu Leguineche’, que reconoce ‘su brillante trayectoria profesional, que siempre ha estado marcada por la ética’ y porque ‘ha sido honesto con la realidad que retrataba en sus reportajes y ha sabido dar voz a los más necesitados, no dejándose llevar por el espectáculo, documentando siempre las informaciones y buscando los testimonios más reveladores en el último rincón del mundo’.

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Este galardón está convocado por la Diputación de Guadalajara, la Federación de Periodistas de España (FAPE), el Ayuntamiento de Brihuega, la Universidad de Alcalá y la Fundación General de la Universidad de Alcalá.

Se confiesa alcarreño de corazón, porque su infancia y su descanso están relacionados con Sigüenza, de donde es su madre y a donde él viaja los fines de semana. Y porque fue en Guadalajara, en el diario ‘La Prensa Alcarreña’ y la revista ‘Castilla-La Mancha’, donde él empezó a dar sus primeros pasos en la profesión periodística. Ya en 1996 empezó a realizar labores de enviado especial de TVE y eso le ha hecho testigo de los principales acontecimientos internacionales de finales del siglo XX y comienzos del XXI, incluyendo los conflictos bélicos en Ruanda, Los Balcanes, Afganistán o el Golfo Pérsico. José Antonio Guardiola repasa con el diario digital de la UAH su trayectoria profesional y reflexiona sobre el papel del periodista en este mundo cambiante en el que reinan las nuevas tecnologías.

-Imaginamos que contento con un reconocimiento que, además viene en parte de la tierra en la que empezó a trabajar y a la que le unen muchos lazos afectivos
-No en parte, si no en todo. Yo empecé a trabajar en Guadalajara mientras estudiaba la carrera y luego surgió la posibilidad de un contrato y decidí aceptarlo y seguir compaginándolo con mis estudios. Así que fue en Guadalajara donde empecé a aprender el oficio y siempre me he alegrado mucho de haber dado esos primeros pasos en el periodismo local, porque me parece que es una etapa muy interesante que te enseña a buscar noticias debajo de las piedras y a saber distinguir lo importante de lo relativo. Y a trabajar como una fiera. Además, en el periodismo local es más fácil ver cómo la información repercute en la vida de la gente y eso siempre es muy satisfactorio.
Otra de las cosas que más ilusión me hacen de este premio es lo que implica a la hora de colaborar con la Universidad de Alcalá.

-Y, además, que el Premio se llame ‘Cátedra Manu Leguineche’, un referente del reporterismo en este país durante décadas, también debe ser motivo de orgullo
-Ese es el segundo motivo por el que este premio alegra mucho, porque Manu es uno de los referentes del periodismo como un oficio tradicional, de una manera de hacer el periodismo casi con las manos, de contar las historias según las ves y te llegan, con el filtro de la experiencia y también de tu propio corazón también, incluso con el deseo de ayudar a los demás. Eso se está perdiendo y Manu lo representa. Y tampoco puedo olvidar que Manu fue director de ‘En portada’ y yo ya llevo unos cuantos de años ejerciendo esa responsabilidad. Eso también hace que este premio sea muy emotivo para mí.

-Hablemos de trayectoria y, sobre todo, de su faceta como reportero internacional y reportero de guerra…
-Al principio sientes deseo de probar cómo se cubre un conflicto y poco a poco te vas dando cuenta de que eso puede tener sus dosis de relevancia para que la gente se conciencie de problemas reales, sobre todo en un mundo tan complejo y en conflictos bélicos con tantas aristas que son difíciles de explicar y de entender. Eso significa que el periodismo es necesario para desenredar la madeja y que nuestro papel como periodista es más útil. Ya no se trata de contar, si no de contar con un objetivo. A mí el concepto de reportero de guerra no me gusta, porque creo que está manido y porque pienso que el reportero en un conflicto cuenta mucho más que una guerra. Pero es cierto que es un periodismo útil en el que el profesional tiene un contrato social consigo mismo y no solo es cuestión de contar las cosas con rigor y veracidad; también es importante dónde tienes que estar y de qué lado. De eso no eres consciente al principio, pero sí empiezas a darte cuenta de ello con los años y con la experiencia que te da haber vivido varios conflictos.

-Comentaba que el concepto de periodista bélico está muy manido pero, ¿hay algunas características que lo distingan de otro tipo de reporterismo?
-Creo que es muy importante el ojo del reportero; valorar la capacidad que tenemos de distinguir lo fundamental de lo accesorio, lo que Nacho Carretero, al que considero un gran reportero, denomina ‘el detalle significativo’. Es decir, a veces un pequeño detalle puede hacer entender un gran acontecimiento. El ojo del reportero tiene que estar educado para poder distinguir los detalles relevantes que puedan ayudar a explicar el todo. Otra característica del reportero es la templanza, que nos ayuda a gestionar el miedo. Porque el miedo es la mejor protección que llevamos cuando estamos en un conflicto. Pero no se trata de sentir el miedo que te bloquea, si no el miedo que te alerta, y para eso necesitamos la templanza necesaria para distinguir hasta dónde podemos llegar. Y luego está la necesidad de valorar la rutina del regreso, esa que te ayuda a agitar el café y diluir los posos, porque si dejamos que los posos se acumulen, conflicto tras conflicto, sin reposar, sin hacer rutina, sin volver a las ‘colas’ del telediario, a los paseos, a la familia, los posos pueden envenenarnos… Y no, no es que yo no valore la figura del reportero de guerra, lo que digo es que no somos soldados, formamos parte de un oficio en el que tenemos, entre nuestras funciones, contar las guerras, pero nuestro oficio es muchas cosas más e igualmente valiosas.

-Y hablando de esas ‘muchas cosas más… Desde 2008 dirige ‘En portada’, un programa de TVE que está entre los decanos de la historia de la televisión en España ¿Dónde está la magia de la perdurabilidad, ahora que los programas entran y salen de las parrillas televisivas casi sin que nos demos cuenta?
-‘En portada’ cumplirá 36 años en enero de 2020 ¿Qué le distingue de otros programas, por qué perdura? En mi opinión, el programa ha sabido adaptarse a las diferentes etapas y transformaciones de la televisión y del lenguaje visual, pero siempre ha mantenido su objetivo: aportar las claves a las personas que buscan más allá de la superficie de una noticia. Tiene mucho valor para la gente que quiere conocer más allá de lo que lee en los periódicos o ve en los informativos. Siempre pongo el mismo ejemplo porque es muy ilustrativo: ‘En portada’ podría formar parte del pack que un extraterrestre reciba cuando llegue a la Tierra para entender qué ha ocurrido en el mundo en las últimas 4 décadas.
Y luego, ‘En portada’ tiene su propio estilo narrativo, juega con las herramientas del lenguaje literario, pero siempre con el máximo rigor.

-Un mensaje para nuestros estudiantes de Comunicación Audiovisual. Comunicar, ¿por qué y para qué?
-Nosotros tenemos un contrato con la realidad que vivimos, con la gente que nos encontramos por el camino y nos abre su corazón y nos cuenta su vida, tal vez como nunca lo haya hecho antes… Nuestro compromiso, en ese sentido, consiste en dar lo mejor de nosotros mismos para contar esa historia de la mejor manera posible.

-Para terminar, ¿se acuerda del contenido de la primera información que escribió y se publicó?
-Perfectamente. Fue para un medio local de Guadalajara, ‘Nueva Alcarria’, y fue la crónica de la final del torneo de tenis de Sigüenza que jugaba mi padre contra otra persona. Perdió mi padre (concluye con una sonrisa).

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