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El espectáculo debe continuar… / Por Anabel Poveda

El espectáculo debe continuar… / Por Anabel Poveda

Mi madre siempre dice que fui una niña precoz… aprendí pronto a andar, hablaba por los codos, incluso con el chupete puesto, y mis primeras palabras fueron “Mamá quiero ser artista”. Desde que tengo uso de razón me recuerdo soñando con ser bailarina, cantante, actriz… pero nunca confié en tener talento suficiente para apostar por cualquiera de esas profesiones, además de faltarme disciplina a raudales y espíritu de sacrificio.

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Ensayos de ‘The show must go on’,

Siempre sentí la necesidad de comunicarme con los demás, y descartado el artisteo, con ocho años decidí que quería ser periodista… eso sí, una periodista bailonga, folclórica, sin atisbo de vergüenza, que de pequeña quería protagonizar un “Telepasión” en TVE, con su playback, su caracterización y su coreografía.

El destino me llevó por caminos menos faranduleros pero, a veces, cuando menos te lo esperas, la vida da un golpe de efecto, te toma las manos, te mira a los ojos y te hace un regalo. Mi presente llegó cuando la Compañía Nacional de Danza me comunicó que era una de las personas elegidas por el coreógrafo francés Jérôme Bel, para formar parte del elenco del espectáculo “The show must go on”. Tres semanas de ensayos y cinco funciones en el Teatro del Canal… no necesité más datos, me tiré a la piscina y dije “Sí quiero” con más convicción que si Bradley Cooper me estuviera pidiendo matrimonio.

Y así llegó el día 14 de marzo y 21 personas desconocidas, muchas de nosotras ajenas al mundo del espectáculo, nos encontramos para poner en pie una experiencia escénica que nos ha cambiado la vida. Si bien es cierto que en algunos momentos hubo dudas, desconcierto, inseguridad, desconfianza, incluso miedo, Henrique y Dina, los encargados de guiarnos en este camino de baldosas amarillas, han sabido llevarnos hasta el mágico mundo de Oz.

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La rubia llegando a los Teatros del Canal.

Hoy, aún con resaca física y emocional, me pregunto si ha sido todo un sueño… si los aplausos, los bailes del público, las quejas, los mecheros encendidos, los susurros, la impaciencia, las lágrimas, los abrazos, las miradas, los silencios… han sido verdad.

Y puedo decir que sí, que ha sido la verdad más intensa, catártica, transformadora, ilusionante y satisfactoria de mi vida.

No se me va a olvidar jamás el vértigo al pisar ese escenario infinito por primera vez; ver mi nombre en la puerta de un camerino e intentar convertirlo en una prolongación de mi casa; la excitación del estreno; los brazos abiertos y emocionados de los familiares y amigos que han venido a ver la función; los brochazos de colorete a mis compis; la cena de despedida; los discursos de mis compañeros de aventura y las lágrimas que no me dejaron pronunciar palabra, a mí que tengo incontinencia verbal.

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Camerino.

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Escenario.

Tampoco se me va a olvidar la timidez superada de Víctor, el humor de Jorge, la rebeldía de Emilio, los ojos de Víctor DJ, la vitalidad de Charo, la sensibilidad de Ana, la energía de Eduardo, los abrazos de Óscar, la elegancia de Inés, la alegría de Andrea, la sonrisa de Christian, la ilusión de Paola, la juventud de José Manuel, la chispa de Quique, la complicidad de Agnès, la magia de Shani, la discreción de Sara, la locura de Daan, el descubrimiento de Mar y el amor y la generosidad sin límites de David (mi croquetilla humana).

El equipo artístico al completo después del estreno

“The show must go on” ha sido un proceso terapéutico que me ha hecho conocerme mejor y descubrir y superar muchos miedos, limitaciones invisibles y mis propios prejuicios.

Decidí quitarme esa pesada mochila y salí al escenario ligera de equipaje para entregarme al público sin juzgarme, sin complejos, vestida de verdad  y en minifalda… Y FUI FELIZ… tan feliz que me pregunto cuánto tiempo durará la inercia de ilusión y alegría de vivir que me ha invadido durante todo el proceso.

A ratos, cuando se me caen las lágrimas pensando en que el sueño terminó, me dejo envolver por Freddie Mercury, doy las gracias, me siento afortunada por haber formado parte de algo tan grande y me agarro a la premisa de que la vida y el espectáculo deben continuar…

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Saludo final.

 

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