El autobús y la vieja política / Por Antonio Campuzano
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El autobús y la vieja política / Por Antonio Campuzano

El autobús y la vieja política / Por Antonio Campuzano

En medio del fragor de la batalla entre pariguales dentro del PSOE por la obtención del certificado de soberanía entre cuadros y militancia, Pedro Sánchez, entretenido con micro financiación y otros menesteres necesarios para que no falte el combustible de su utilitario en pos de la entrada en los caladeros de votos de la España socialista, y Patxi López, con ese andar tranquilo que imanta su verbo plácido, ya con la experiencia de gobierno en latitudes donde la tranquilidad era un imposible matafísico; ambos a dos, han acertado a ejercer la crítica sobre los modos y maneras de hacer campaña de su rival en la contienda de primarias, Susana Díaz. Y ante ello, se observa resignadamente que poco o nada ha cambiado.

La crítica se sustenta en los autobuses fletados por la dirigente andaluza para facilitar los desplazamientos embarazados de entusiasmo, ese estado de gestación ya terminado felizmente para la esperanza de Triana y que tan buenos rendimientos relacionados con lo emotivo han sumado en la dirección adecuada de la representante del Sur socialista.

Pero lo sustantivo coincide con lo antiguo. Parecía acabado el lugar común de la crítica como método socorrido para agarrarse a la depauperación del contrario. Eso tan grosero que era la necesidad de recurrir al autobús pagado y, generalmente, al bocadillo de materias demasiado grasas, que acompañaban casi siempre a un sol de injusticia para con los jubilados y gentes de edad provecta que acudían a los mítines con esos presupuestos de alabanza muy medida y cuantificada en la suma de elementos de logística e intendencia.

Pero Susana Díaz no podido sustraerse a estas singularidades en el manejo de las pugnas entre candidatos. El gran Salvador Pániker, en su paradigmático Conversaciones en Cataluña, de 1966, hermano gemelo de Conversaciones en Madrid, entrevista largamente a Josep Pla y el ampurdanés en determinado momento dice en qué consiste la normalidad: “el pueblo desea que los restaurantes estén abiertos, que las cloacas funcionen y que haya sitio en los autobuses”.

Aquí, la facultad deseable por Pla es el espacio, lo que en Susana resulta de una facilidad de desplazamiento, que es distinto. Aquellas facilidades para la declamación y el apoyo cuando los tiempos de Felipe González y Alfonso Guerra están siendo de reedición obligada, pero la pregunta es por qué. Los fantasmas de Rodiezmo de la Tercia, en la provincia de León, lugar de la campa minera, con pañuelo rojo al cuello y Guerra al frente del pelotón, parecían quedar atrás, pero no parece ser así.

Las acusaciones populares de Sánchez y López redundan en la vieja política, aquella que resulta del interés de Susana. Quién sabe si los estudios de comportamiento y empatía encargados por quien tiene más poder de decisión para ese tipo de encargos, que ahora es Susana, han concluido que todas las ayudas son insuficientes para el buen fin de la operación, como lo es la llegada de Susana al poder de Ferraz.

Ello podría indicar la vía de aprobación de presupuestos, de apoyo a medidas parlamentarias de la mano del PP, una entente prácticamente cordial o más cordial incluso que lo habitual entre los dos portavoces llamados Hernando. Todo ello para dar tiempo y espacio al propósito de maduración del PSOE con vistas a formar gobierno solo y sin ayuda de otros para una fecha aún por determinar, solo que se adivina pasados muchos años. Entonces el “no es no” formaría parte de la protohistoria de estas siglas honrosas, PSOE.

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