Bricorubieces / Por Anabel Poveda
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Bricorubieces / Por Anabel Poveda

Bricorubieces / Por Anabel Poveda

El otro día empecé a pensar en los excesos navideños y en los cuatro meses que llevo parada y me entró el agobio del siglo… sumé mentalmente los kilos del parón zumbero más los turroneros y el resultado era el gordo de navidad.

Así que decidí abandonar el sedentarismo y me apunté al gimnasio. Como seguramente sólo me pueda permitir la oferta de diciembre, me lo he tomado muy en serio y estoy amortizando la cuota yendo todos los días… la semana pasada le di duro a la zumba y me lo pasé pipa en las clases en el rol de alumna… eso sí, creo que mis compañeras me miran raro porque me vengo arriba como si estuviera yo dando la clase (gajes del oficio) y deben pensar que estoy como una maraca.

Body Pump

Decidida a dar un paso más en el entrenamiento exprés, el viernes hice caso a mi amiga Mayte y fui con ella a una clase de Body Pump… Conocía algunas actividades de Les Mills como Combat o Jam y sé que no se andan con chiquitas, pero lo del Pump es la muerte en vida. A mi atrofia muscular se sumó el pésimo fondo y el resultado fue la hora más larga de mi vida. Creía que no iba a terminar nunca de hacer sentadillas, lunges y abdominales cargada con una barra que pesa un quintal, más unas pesitas suplementarias. ¡Bendito sea el Pump y el Pamp! Y la broma no había hecho más que empezar… lo bueno llegó al día siguiente cuando para salir de la cama me tuve que tirar al suelo y rodar hasta la cocina como una croqueta… me he arrastrado por el salón durante dos días como si fuera un marine, y no he podido coger a mi sobrina en todo el fin de semana porque mis brazos no eran capaces de sostener ni el móvil…

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No había tenido tantas agujetas en 40 años… me han dolido músculos que no sabía que tenía y he sentido molestias hasta en los párpados. Me parece que voy a tener que dejar pasar unos días antes de volver a intentarlo con la clasecita de marras.

Y en esto que disfrutaba yo del puente en plan casero, ante la imposibilidad de andar sin parecer un forajido del lejano oeste, cuando se me rompe la manguera de la ducha y me deja apta para participar en un concurso de camisetas mojadas… así que con las mismas compro un cacharrito nuevo de emergencia y cuando lo voy a cambiar compruebo que lo que se ha roto es el grifo de la bañera y que voy a tener que instalar uno nuevo.

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¿Quién dijo miedo? Directa a por el grifo más económico, tutorial de Youtube para valorar la dificultad de la obra y a por ello. ¡Las rubias no somos tontas, ni torpes!

Mi gata flipaba sentada en el váter observando de cerca la operación “la Poveda cambia un grifo”. He de decir que conseguí hacerlo sola y el resultado ha sido bueno. Que no podemos estar pendientes de que venga papi, hermano, novio o marido para darle a la Bricomanía… que nosotras también podemos ser y hacer lo que nos propongamos.

Haciendo honor a la verdad tengo que decir que estuve a punto de perder la vida al cambiar el grifo, pero no por la obra de fontanería, sino porque al intentar subirme a una silla para cerrar la llave de paso del agua las agujetas me jugaron una mala pasada, me fallaron las fuerzas al darme el impulso, la silla se deslizó y me quede totalmente despatarrada y a punto de romperme los abductores, con dolor de ingles y una buena taquicardia.

AVISO: Medid vuestros movimientos al hacer fontanería y albañilería que de la forma más tonta os hacéis una operación de elasticidad sin anestesia al más puro estilo Jean-Claude Van Damme.

Lo bueno es que aproveché el viaje al centro comercial y descubrí cómo darle un toque navideño a mi hogar sin miedo a que Canela se suba al árbol, se coma la purpurina de las bolas o destroce el espumillón. Para los que tengan gatos… ¡El secreto está en la altura!

Felices fiestas y cuidadito con los excesos…

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