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Benito Moreno y las Rimas de Bécquer / Por Vicente Alberto Serrano

Benito Moreno y las Rimas de Bécquer  /  Por Vicente Alberto Serrano

Desde La Oveja Negra

La calle Feria atraviesa el centro de Sevilla. Con su trazado es como si ayudara a configurar  buena parte de la extensa espina dorsal de la ciudad. Por un lado desemboca en la calle Resolana, inmediatamente después de cruzarse con la calle Bécquer. En la otra punta se comprime y serpentea antes de acabar frente a la fachada del antiguo palacio de los Marqueses de Torrenueva, junto a la iglesia de San Juan de la Palma. Benito Moreno nació en 1940 pegadito a este entorno, en el callejón de Menjíbar.

Un sevillano aburrido

En una de sus canciones afirmaba cantando: «Soy un sevillano tonto,/ un sevillano aburrido,/ de esos que se van de pronto/ sin anunciar que se han ido». https://www.youtube.com/watch?v=BLs42fRHMpE Apenas sin avisar, abandonó los estudios de Arte Dramático y en 1962 se autoexilió a Francia. Recaló en París con unos escuetos conocimientos del idioma tal vez aprendidos gracias a algunas estrofas de las canciones de Brassens. Conoció a una francesa de origen argelino (como Albert Camus) y emprendió un romántico y definitivo camino hacia la Bretaña. Se casó con ella y estudió Bellas Artes. Pintor figurativo, poeta y músico. Siguió teniendo a Sevilla a su lado «…igual que Antonio Machado». Por eso regresaba de vez en cuando para reencontrarse con sus hermanos Josele y Máximo, también con sus amigos, Gualberto y los componentes de Triana o Smash. Más tarde comenzó a grabar una serie de insólitos álbumes. En 1975 apareció su primer elepé Romance del Lute y otras canciones, en cuya cara A ponía música y letra a la fuga, captura y encarcelamiento de aquel ídolo de la cutre mitología de la época; pero de ese disco la agónica censura franquista casi no dejó ni la cuerda. Tan solo permitían emitir por la radio algunos temas de la cara B. La canción España huele a pueblo tuvo mayor fortuna, porque seguro que los censores del momento no captaron toda su retranca.

Cartel de Ángel Luis Luque para Manifiesto Canción del Sur y Carlos Cano.

Cartel de Ángel Luis Luque para Manifiesto Canción del Sur y Carlos Cano.

Manifiesto Canción del Sur

Mientras tanto, en Granada, hacía pocos años que el poeta Juan de Loxa, en torno a la revista Poesía 70, había creado un movimiento musical que aspiraba a convertirse en instrumento de reivindicaciones y protestas; a imagen y semejanza de la Nova Canço catalana. Carlos Cano, Antonio Mata, Ángel Luis Luque y Enrique Moratalla, entre otros, fueron algunos de los ilusionados protagonistas que conformaron aquel grupo. Desde los escenarios de facultades y colegios mayores, siempre tratando de burlar la censura, comenzaron a soñar que con sus canciones conseguirían arrancar las mordazas del régimen.

En Sevilla

Más de una vez Carlos Cano me contó emocionado su primer recital junto a Benito Moreno. Tuvo lugar en el Teatro Lope de Vega en vísperas de la navidad del 75, justo un mes después de la muerte del dictador. Al parecer aquel concierto se convirtió en un arriesgado acto reivindicativo, reclamando amnistía y libertad. Carlos recordaba haber puesto toda su energía y coraje al interpretar El baile del abejorro y que Benito, con su voz pausada y profunda, pero con su mijita de cachondeo, arrebató al público al cantar aquello de: «Esos señores tan serios/ de bigotito afilado/ esos que tienen los medios/ y el machismo incorporado,/ esos tan dueños de sí/ y que tienen tanta tierra/ que no perdonan en ti/ el no haber hecho la guerra./ Merecen una canción,/ un respeto y una cosa,/ y un sitio en la colección/ de insectos y mariposas».

Portada de Benito Moreno para su disco Rimas y Gustavo Adolfo Bécquer.

Portada de Benito Moreno para su disco Rimas y Gustavo Adolfo Bécquer.

Las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer

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Entre las páginas del manoseado libro de literatura del Instituto –aquel manual preparado por mi admirado profesor Evaristo Correa Calderón en colaboración con Fernando Lázaro Carreter– descubrí a dos personajes que terminarían convertidos en contundentes mitos literarios de mi adolescencia: Mariano José de Larra y Gustavo Adolfo Bécquer. El primero, incómodo rascador impenitente de los males de nuestro país, pondría fin a su corta vida de un pistoletazo. El sevillano moriría de tuberculosis a los 34 años pidiéndole encarecidamente a su amigo Augusto Ferrán que publicasen sus versos. Al año siguiente sus amigos prepararon sus obras completas en dos volúmenes. Con aquellas Rimas –que descalificara el pomposo y olvidado poeta Núñez de Arce como “suspirillos germánicos”– muchos de nosotros pusimos apasionada letra prestada a primeros y arrebatados amores. Después descubriríamos que sus versos encerraban la más pura esencia de la poesía, tal y como la calificaba otro sevillano, Luis Cernuda: «En sus Rimas no sabemos qué admirar más, si su composición o su dibujo de línea perfecta. En su brevedad son un organismo completo, donde nada falta ni sobra». También leemos en Cernuda: «La pintura y la música resultan así aliadas del poeta». En 1979 el pintor Benito Moreno puso música y voz a catorce de aquellas entrañables Rimas. Su pintura nos ofreció un íntimo bodegón en la cubierta del disco. A lo largo de todos estos años, aquellas catorce Rimas interpretadas con diversos ritmos –hasta se atrevió a convertir algunas de ellas en sevillanas– han formado parte esencial de nuestra banda sonora, al igual que la obra de otros muchos cantautores desaparecidos, porque a ellos seguimos recurriendo a través de sus grabaciones. Siempre le agradeceremos que no solo nos descubrieron algunos poetas esenciales, sino que también nos ofrecieron la oportunidad de tararear con ellos lo que creímos cantos de libertad.

Benito Moreno y contraportada del disco “Me han quitado lo bailado”, con un dibujo suyo del  Palacio de los Marqueses de Torrenueva en la calle Feria.

Benito Moreno y contraportada del disco “Me han quitado lo bailado”, con un dibujo suyo del Palacio de los Marqueses de Torrenueva en la calle Feria.

Regreso a los orígenes

En 1982 Benito Moreno regresó definitivamente a su Sevilla natal, donde instaló su taller de pintura. En 1999, el último elepé que grabó llevaba el significativo título de Me han quitado lo bailado. Como una especie de inquietante premonición, en la contraportada del disco aparecía un dibujo suyo que reproducía la fachada de aquel palacio de los Marqueses de Torrenueva, un edificio del siglo XVIII que marca el final de la calle Feria y que durante años permaneció en la más absoluta ruina, conocido popularmente como la casa de los gatos, porque durante largo tiempo fueron sus únicos habitantes. El primer tema del álbum está dedicado a estos rincones: «Tú eres como mi barrio,/ el agua de mi casa,/ la sal de mi salario./ Tus ojos temerarios/ atraviesan la noche/ alumbrándome el barrio».

En aquel edificio, reconvertido en La Casa de los Artistas, murió Benito Moreno el 8 de mayo de 2018, al día siguiente de que lo ingresaran.

 

 

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