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Antonio Machado: ochenta años después / por Vicente Alberto Serrano

Antonio Machado: ochenta años después  / por Vicente Alberto Serrano

Desde La Oveja Negra

Hace unos días Jean-Pierre Amalric, presidente de la Asociación “Présence de Manuel Azaña” en Montauban nos remitía por correo electrónico a unos cuantos amigos, un suelto publicado en el diario francés Le Depeche, el pasado 5 de febrero con el siguiente titular: «80 ans de la Retirada: Pedro Sánchez, le président du gouvernement espagnol, se rendra le 24 février à Montauban» (80 años de la Retirada: Pedro Sánchez, el presidente del gobierno español, acudirá el 24 de febrero a Montauban). Bajo la reproducción de una foto del Presidente se detallaba: «El jefe socialista del gobierno español efectuará una visita a Francia el próximo 24 de febrero. Está previsto rendir un doble homenaje a dos figuras emblemáticas de la España republicana, el poeta Antonio Machado y el último Presidente de la Segunda República Española, Manuel Azaña”.

Ante la tumba de Azaña

El pasado 10 de noviembre, allá en Montauban, como cierre a las décimo terceras Jornadas dedicadas a Manuel Azaña, tituladas “L’Espagne et la Grande Guerre”, Jean-Pierre Amalric me pidió que dirigiese unas palabras a los asistentes al emotivo acto de homenaje llevado a cabo en el Cementerio Urbano, frente a su tumba. Un texto que inmediatamente después Amalric tradujo al francés para comprensión de autoridades, asociaciones, particulares e incluso los alumnos del Collège Olimpe que interpretaron bajo la dirección de Jérôme Abadie, una sobrecogedora versión de Ay Carmela. Ante la próxima vista de Pedro Sánchez al sur de Francia para homenajear a todos los exiliados que protagonizaron “La Retirada”, he creído conveniente transcribir hoy este texto para los lectores de La Luna de Alcalá.

1959, Machado

Homenaje de los poetas españoles a Antonio Machado en el vigésimo aniversario de su muerte: Blas de Otero, José Agustín Goytisolo, Ángel González, José Ángel Valente, Luis Marquesan, Jaime Gil de Biedma, Alfonso Costafreda, Carlos Barral y José Manuel Caballero Bonald (Collioure, 22 de febrero de 1959).

Machado y Azaña

El 22 de febrero de 1959, un grupo de poetas españoles: Blas de Otero, José Agustín Goytisolo, Ángel González, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma, Alfonso Costafreda, Carlos Barral y José Manuel Caballero Bonald se reunieron en Collioure para –veinte años después– rendir un recuerdo a Antonio Machado ante su tumba tras el exilio. Un año antes, en aquella España franquista, la Real Academia Española, por iniciativa del duque de Maura trató de repatriar los restos de don Antonio Machado para trasladarlos al Espino de Soria, junto a su mujer Leonor. Su hermano José, compañero de exilio y residente por entonces en Santiago de Chile se negó rotundamente. Ocho años después la Guardia Civil cargaba ferozmente en los campos de Baeza contra un grupo de poetas e intelectuales que pretendían homenajear a Machado con la colocación –entre aquel paisaje de olivos– de una cabeza en bronce del poeta, realizada por el escultor Pablo Serrano.

Pablo Serrano y Machado

Pablo Serrano ante la cabeza de Machado.

 

Los españoles en guerra

En 1939 el autor de Juan de Mairena ponía prólogo al libro que contenía la palabra de Manuel Azaña. En Los españoles en guerra se recogían los cuatro últimos discursos del Presidente de la República. El primero, pronunciado en el Ayuntamiento de Madrid en noviembre de 1937, era todo un canto de homenaje al heroísmo del pueblo que estaba sufriendo de forma tan desgarrada las consecuencias de la guerra; el último, pronunciado en el Ayuntamiento de Barcelona el 18 de julio de 1938, era algo más que una estremecedora despedida con aquel «Paz, piedad y perdón». Escribía Machado en el prólogo: «Estos discursos han sido pronunciados en los momentos más arduos, más decisivos y acaso más gloriosos de nuestra vida. Algún día serán leídos como esencialísimos documentos históricos».

Azaña y Machado

Dos de las últimas imágenes de Manuel Azaña y Antonio Machado.

 

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Azaña et son temps

En noviembre de 1990, esta ciudad, en colaboración con la Universidad de Toulouse y diversas instituciones tanto francesas como españolas, conmemoraron el cincuentenario de la muerte de Azaña con un Coloquio Internacional titulado Azaña et son temps. Organizado por Jean-Pierre Amalric y Paul Aubert. Meses más tarde todas las ponencias fueron editadas en un volumen publicado por la Casa de Velázquez, en el que se recogían, entre otros, los textos de Jorge Semprún, Juan Marichal, Manuel Aragón, Michael Alpert, Enrique Moral, Santos Juliá, Antonio Elorza, Manuel Tuñón de Lara, Enrique de Rivas y Manuel Martínez Azaña que cerró las jornadas recordando en su intervención las palabras de su tío abuelo don Manuel Azaña: «Mi cuerpo pertenecerá a la tierra donde cayera muerto». Algunos meses más tarde, con motivo de la publicación de aquellas ponencias, Francisco Tomás y Valiente publicaría un extenso artículo en la revista Sistema y en el que, al analizar la intervención de Martínez Azaña, escribía: «Si allí murió [Azaña], allí deben permanecer sus restos y su tumba, no sólo —que ya sería bastante— porque él así lo quiso al decir que su cuerpo perteneciera a la tierra donde cayera muerto, sino también porque para la memoria colectiva de nosotros los españoles es bueno que se sepa siempre dónde y por qué están enterrados Azaña y Machado o los miles de prisioneros políticos anónimos que fueron a dar con sus huesos en Mauthausen. Recuperemos su figura y su obra, pero no su polvo».

 

Presencia alcalaína

Hace veintiocho años también se acercó hasta aquí Florencio Campos, el alcalde socialista de Alcalá de Henares, porque quiso formar parte, con su presencia, de los actos en conmemoración del cincuenta aniversario de la muerte de Azaña en esta ciudad. Y evocó –avergonzado– que diez años antes la corporación municipal había querido recordar en su pueblo el centenario del nacimiento del que fuese Presidente de la Segunda República española, colocando en la fachada de la calle de la Imagen una placa conmemorativa en piedra artificial que inmediatamente fue apedreada y destrozada por esa malquerencia que aún permanecía enquistada en algunos de sus paisanos. Han pasado los años y a la ciudad de Alcalá aún le cuesta reconocer la valía del político y del escritor. Hoy, nos acompaña una representación del Foro del Henares y de la Universidad de Alcalá, que son los que allí, año tras año, se esfuerzan por perfilar el retrato de ese desconocido. Quiero agradecer en nombre de ellos y de otros muchos azañistas anónimos la generosidad de Montauban y de los integrantes de la Asociación Presencia de Manuel Azaña por esforzarse en mantener estos lazos de amistad y complicidad entre las dos ciudades.

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