Abrir… Cerrar / Por Anabel Poveda
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Abrir… Cerrar / Por Anabel Poveda

Abrir… Cerrar / Por Anabel Poveda

Ha sido llegar diciembre y el frío helador ha sacado a mi neurona del letargo y he sido consciente de que ¡termina el año y la década! ¡De verdad, no somos nadie!

Me he agobiado con la inminente llegada de los años veinte y, además de rescatar del trastero la boa de plumas, los flecos y el collar de perlas, he tomado decisiones drásticas, a la par que dramáticas…

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La cruda realidad es que “Lo que diga la rubia” dejó de tener ritmo y gracejo hace mucho tiempo y algo que nació de forma tan espontánea, y que me ha hecho pasar tan buenos ratos, no se merece el abandono al que le someto desde hace meses.

No se lo merece ni el blog, ni las cuatro amigas de mi madre que de vez en cuando me recriminan que he dejado de escribir, “con lo salá que soy” …

Este rinconcito lunático desde el que he sentido total libertad para escribir sobre asuntos de lo más peregrinos y triviales está pidiendo a gritos un cierre en condiciones… y no esta dejadez que me invade y ha matado cualquier atisbo de pasión, creatividad e ingenio.

Adiós mundo cruel, adiós blog de la rubia, adiós segunda década del siglo XXI, adiós años en los que se han condensado las cosas más apasionantes que me han pasado en la vida…

Me da penica, no os creáis, porque estos diez años han sido, en mi caso, mucho más intensos que los 30 anteriores. He sido de maduración tardía, como las naranjas transgénicas y esta ha sido, sin lugar a duda, mi década prodigiosa.

Conseguí el trabajo de mi vida y fui absolutamente feliz, lo vi desaparecer sin que nada pudiera hacer, hice la cola del paro, me reinventé en profesora de Zumba, en administrativa, volví a hincar los codos y coqueteé con el marketing.

Aprendí a vivir sola, hice una mudanza, adopté al gato más bonito del mundo, nació la sobrina con la que siempre había soñado, empecé a creer en mí, fui moderadamente promiscua y me enamoré de los hombres de mi vida que finalmente resultaron no serlo.

Me alisé el pelo y me lo ricé, me lo teñí, me lo chamusqué, me lo corté; usé la talla 38, la 40, la 42 y voy camino de vestir con bolsas de basura industriales.

Me enganché a los ritmos latinos, bailé hasta no sentir los pies, cerré garitos de salsa de lunes a domingo, frecuenté congresos, clases magistrales y hasta ejercí de profe asistente… la salsa me rompió el corazón y la abandoné porque, como dice Sabina “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”.

Hoy, diez años después, afronto este nuevo periodo con los 40 más que cumplidos y una definición clara: single, gorderline, gaylover y catcrazy.

Después de una década en la que mi máxima ha sido parecerme lo menos posible a mí misma, por alguna extraña razón vivo una regresión que me hace estar cada día más cerca de mi origen… será que me he cansado de luchar contra la naturaleza.

Así que me despido hoy de este blog, del 2019 y de la década aprovechando para dar las gracias a todos los que alguna vez sonrieron leyéndome.

GRACIAS “Lo que diga la rubia”, no te puedo decir si esto es un adiós definitivo o un hasta la próxima porque igual me desmeleno y la década del dos me vuelvo loca del todo.

Por ahora, cerramos blog y abrimos década deseándoos ¡Felices Fiestas y Felices años 20!

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