Un complutense 'Número 1' / Por Agustín Gómez Loeches
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Un complutense ‘Número 1′ / Por Agustín Gómez Loeches

Un complutense ‘Número 1′ / Por Agustín Gómez Loeches

Por Agustín Gómez Loeches (*)

Son pocas las veces en las que mis pensamientos se ven publicados y son muchas menos las que tengo la oportunidad de hablar a todo el mundo de alguien a quien admiro desde que me levanto hasta que me acuesto, que he admirado desde que nací y que admiraré siempre: Rodolfo Gómez de Vargas.

Por muchos complutenses es sabido que fue un gran empresario, que fue Presidente de la RSDA, que fue político, que fue Vicepresidente de AEDHE y sin duda, que fue alguien que presumía, siempre que tuviera oportunidad, de la tinta cervantina que le corría por las venas. Pero no son las razones por las que me gustaría hablar de él hoy…

Y es que este viernes se descubrirá la placa que dará el nombre de Rodolfo Gómez de Vargas al Centro Especial de empleo dependiente de la Fundación Nº1 que tiene como objetivo favorecer la integración social y laboral de personas discapacitadas (física, psíquica y/o sensorialmente), mediante la formación y creación de empleo estable y digno para este colectivo.

Y es por este acontecimiento por el que hoy llega ese día en el que hablo de esa persona a la que tanto admiro: Rodolfo Gómez de Vargas, Don Rodolfo para algunos, Rodol o Fito para sus más allegados y exclusivamente ‘papá’ para mí y para mis hermanos.

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Dice un relato árabe que antes de morir todo el mundo debería de escribir un libro, tener un hijo y plantar un árbol. Pues bien, aunque el libro no lo llegara a publicar (escrito sí que está) siempre fue profeta de su experiencia y sabiduría dando consejos a aquellos que se lo pedían, en cuanto al hijo, en esto aprobó con matrícula ya que no tuvo uno sino 5: Rodolfo, Celso, Gregorio, Carolina y un servidor. Y en cuanto al árbol, que según dicho relato es para que las generaciones venideras puedan disfrutar de sus frutos y de su sombra, fueron 8 años los que estuvo meditando, planeando, pensando, hablando, gestionando, reuniendo a políticos, asociaciones, empresarios para plantar esa semilla que hace 5 años dio lugar por fin a su ansiado árbol: la Fundación Nº1.

Y es que, más allá del legado empresarial que dejó, más allá de los buenos consejos que dio, de los buenos amigos que consiguió, de los hijos que tuvo o del amor que profesó (a otra complutense sin parangón: mi madre) en la última etapa de su vida se obsesionó porque esa semilla diera el fruto esperado: una fundación que favoreciera la integración social y laboral de las personas que más lo necesitan y que no lo tienen tan fácil. Según sus propias palabras, “quería devolver a Alcalá de Henares y a la sociedad lo que Alcalá le había dado: una oportunidad y mucho cariño”.

Cuando hablamos de Rodolfo, mi padre, se tiene la imagen del gran emprendedor que fue, pero todo camino hacia el éxito no siempre es fácil: dejó de estudiar a los 6 años para trabajar de botones en el Casino de Alcalá y ahí empezó la oportunidad de la que él siempre hablaba y el cariño que recibió de todos sus paisanos, empezando la construcción del Rodolfo del que se habla hoy en día.

No quisiera terminar mi redacción sin agradecer por un lado, a todos los partidos políticos, quienes votaron por unanimidad y a favor, tras unas bellísimas palabras a su memoria, honrar a mi padre de dicha manera y como no al patronato que ratificó dicha decisión. Pero especialmente y por otro lado me gustaría agradecer a todos los trabajadores de la Fundación Nº1, a quien mi padre llamaba “mis chicos”, el cariño que le procesaban, el sentimiento de falta que sienten y sin duda el buen recuerdo que me transmiten cada vez que les veo. Estoy seguro de que él también os echa de menos.

Y es que mi padre entendió que este colectivo sólo necesitaba una oportunidad y mucho cariño para poder llegar a cumplir sus sueños y sus metas como él lo había conseguido. Un complutense que hoy recibe un homenaje, un complutense, hoy más que nunca: Número 1.

(*) Agustín Gómez Loeches es hijo de Rodolfo Gómez de Vargas

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