Tercera elecciones: el tiempo político / Por Antonio Campuzano
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Terceras elecciones: el tiempo político / Por Antonio Campuzano

Terceras elecciones: el tiempo político / Por Antonio Campuzano

Aquí en nuestro país, en España, no existe tradición alguna de gobiernos de coalición. A lo sumo, en mayoristas simples, a lo largo del periodo democrático de 1978, se han producido apoyos llamados puntuales, siempre de la mano de los partidos nacionalistas que, sorprendentemente, apuntalaban las claves de la bóveda institucional que los sacó de la cueva de la dictadura, bien es cierto que con su concurso. Es decir, los partidos de Arzallus y Pujol arbitraron un papel decisivo para que las imperfecciones aritméticas no supusieran pretexto para la ingobernabilidad.

Estas bisagras empezaron a fallar en su función giratoria, si bien fueron siempre engrasadas con aceites y gases licuados en los Presupuestos Generales. Y aparecieron otras bisagras en funciones regeneradoras. Y con una filosofía de aprovechamiento universal, con palabras y argumentos que pedían el convencimiento general, la transversalidad y otros conceptos que apenas caben en la boca del electorado de tan grandes como son.

En dos elecciones consecutivas tanto Podemos como Ciudadanos más bien han restado que sumado posibilidades al acuerdo de gobernabilidad. Y esa operación del mundo de la aritmética con inaplicaciones varias al fundamento político que es el gobierno no genera nada bueno. Por ejemplo, si las terceras elecciones en un año están a la vuelta de la esquina, la calidad principal que había de desprenderse de la aparición de los partidos nuevos puede resultar un fiasco notable.

De ello parecen darse cuenta los partidos mayoritarios que no se muestran irritados en grado extremo con la marcha de los acontecimientos desde el lunes 27 de junio pasado, ya celebrados  la noche anterior los avances del PP en el balcón de Génova, 13.

Las terceras elecciones están a centímetros de distancia de su convocatoria aunque queden semanas para su confirmación. Esa convocatoria no parece ser temida por Pedro Sánchez, cuya conexión con el Convento de Agonizantes a través de su principal inquilino, Javier Rodríguez, parece perfectamente descriptible a la par que elogiable. El 26-J emborronó la proyección de los emergentes en fecha 20-D, y pudiera acarrear más trabajo de goma de borrar en su tercera comparecencia. Mariano Rajoy tampoco parece ofrecer llanto y lamento por los comicios en tercera tentativa. Para él, el tiempo es aliado de verdad, nada que ver con la opinión de Stefan Zweig, en “María Antonieta”: “el tiempo es un aliado oportunista e incierto”.

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