¿Qué fue de Zoran Puzovic?
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¿Qué fue de… Zoran Puzovic?

¿Qué fue de… Zoran Puzovic?

Zoran Puzovic, ex jugador del Cajamadrid y Juventud Alcalá

“¡Puzo, Puzo!, ¡Puzo, Puzo!”. Era el grito de guerra del pabellón Cajamadrid a finales de los años 80 y principios de los 90. El balonmano era, junto con el baloncesto, el deporte por excelencia en Alcalá, estaba en la primera división, el Caja daba guerra y muchos chavales se apuntaban a balonmano en los colegios como primer deporte, espoleados por esos guerreros vestidos de verde. El recinto deportivo estaba lleno cada fin de semana y la comunión entre público, equipo y ciudad era total.

Puzo era y es Zoran Puzovic (Vrbas, 1958), para los futboleros, una especie de Hugo Sánchez del balonmano de la época. Siempre entre los máximos goleadores de la Liga, era una de las referencias del Cajamadrid junto con otros mitos de este deporte como Manolo Gutiérrez, Cihuri, Reino, Óscar Gutiérrez, Elverdín, Lakovic, Castelví o Chema Pradas. “Tuvo buenos años en aquella época. Tenían grandes jugadores y era un equipo muy competitivo en una época en la que había plantillas tan potentes como el FC Barcelona, el Atlético de Madrid o el Teka. Era difícil puntuar allí, el campo siempre estaba lleno y la afición estaba volcada”, recuerda en conversación telefónica Luis Miguel López, la voz del balonmano durante tantos años.

Zoran Puzovic, de pie a la derecha junto al equipo técnico

Zoran Puzovic, de pie a la derecha junto al equipo técnico / Foto www.clubdeportivocajamadrid.zz.mu

Puzovic jugó siete temporadas en el Cajamadrid y el Juventud Alcalá. Su clase, sus disparos y sus penaltis son recordados todavía hoy día por una afición huérfana del deporte de élite tras la marcha del Movistar Inter de fútbol sala. “Puzovic fue un gran jugador, completo, de los mejores lanzadores. Zurdo que jugaba en el lateral derecho. El gol era su mayor cualidad, más ofensivo, técnico, con tiros duros, en finta, en apoyo…”, detalla López.

“Puzovic era un jugadorazo, con una calidad de lanzamiento espectacular, tanto a distancia como de 7 metros, tenia una variedad que volvía loco a los porteros. Recuerdo que Matt Olson, portero sueco del Teka  y de la todopoderosa Suecia, celebró y guardó recortes de un penalti que paro a Pucho”, recuerda Samuel Trives, ex jugador del Juventud Alcalá, Cantabria, Ciudad Real y Alcobendas, ahora ya retirado.

Puzovic, con Luis

¿Pero qué fue de Zoran Puzovic después de tantos años? Puzovic vive actualmente en Vrbas, una localidad de la provincia de Voivodina en Serbia. Sigue vinculado al balonmano, entrenando a chavales, afortunados de contar con un maestro de su talento. “Enseño a los niños a tener ojos y muñeca, a tirar bien y a atacar mejor”, recuerda Puzovic en conversación por skype con La Luna de Alcalá desde la tranquila Vrbas.

Está a punto de cumplir los 57 años, aunque se mantiene en forma. “Ahora peso 96 kilos, mientras que cuando era profesional, pesaba 94″, explica Zoran Puzovic. “Me cuido, me gusta correr y cuido lo que como. Es fundamental. Por la tarde, entreno a chavales, a hacer las fintas…”, dice. “Siempre que entro en la cancha estoy contento, como si fuera millonario”, continúa.

Puestos al día, Puzovic da al botón de rewind y se retrotrae a 1986. “Fue mi primer equipo en el que jugué fuera de mi país. La gente fue conmigo muy amable. Nunca vi gente como la de Alcalá”, afirma. “Me sentí impresionado por cómo me trató el club, los entrenadores, la afición… Fue espactacular y echo mucho de menos España”, indica con cariño. “Era una época en la que no había libertad para fichar muchos extranjeros por lo que había que acertar en los refuerzos foráneos. Y Cajamadrid acertó”, recuerda el periodista Luis Miguel López.

Acertó, aunque el Cajamadrid se quedó “a las puertas” según evoca López, de dar la campanada: Subcampeón de Liga en 1987-88, subcampeón de España en la temporada 1989-90 y semifinalista de la Copa IHF en dos ocasiones: 1988-89 y 1989-90. Quedará para el recuerdo ese último partido de Liga ante el FC Barcelona, de un jovencísimo Valero Rivera, en el pabellón Cajamadrid en la temporada 88/89. El campo estaba abarrotar, era la cita deportiva de la década, ya que la sección de baloncesto también se jugaba el ascenso a ACB ante el Ourense. “Fue una semana muy tensa porque en ese partido se decidía el campeón. Todos estuvimos nerviosos ese partido. Luchamos y lo dimos todo, pero no pudo ser”, rememora con pesar Puzovic.

El Cajamadrid, dirigido por Domingo Bárcenas, perdió 20-21 en un final de infarto y una última parada de Lorenzo Rico a tiro de Cihuri. El equipo alcalaíno, perdió y quedó finalmente tercero, ya que el Teka, que fue segundo, ganó su partido. Para colmo, el Cajamadrid de baloncesto también perdió en otro final de infarto.

“Fue una buena etapa, la gente veía que jugábamos y luchábamos”, señala. Puzovic seguía haciendo goles -249 en la temporada 90-91, según la web del Club Deportivo Cajamadrid, un auténtico tesoro de recuerdos. El serbio continuó en el club cuando la caja de ahorros decidió dejar el deporte profesional, aunque mantiene el patrocinio durante cuatro años más al Juventud Alcalá. “Me pude ir a Teka, pero me tiró el corazón más que el dinero y seguí aquí, junto a Manolo, Cihuri y otros más. Nunca dije que tuve esa oferta con más dinero”, afirma hoy.

Posteriormente, vendrían los problemas con el nuevo técnico Jordi Álvaro, que le dejó en un segundo plano. Al año siguiente, en la temporada 1993/94, se marchó a Toledo. Tras varias lesiones en el hombro, volvió a su país. “No me quedé para sacarme el título de entrenador”, lamenta ahora.

Pero en Alcalá no sólo dejó goles. A su calidad técnica, había que añadir la calidad humana del serbio. “Pucho era un tío cercano, agradable y nos ayudaba a todos los jóvenes. Además, era un trabajador bestial, si había que correr se ponía con nosotros los “enanos” y le daba tanto como nosotros, nunca se dejaba nada, lo daba todo. Me parece que era un profesional total y con un carácter divertido y abierto. Para mi ha sido uno de los jugadores que marco mi inicio y me sirvió de ejemplo”, afirma Samuel Trives.

Y es que Puzovic fue uno de los referentes de los jóvenes que comenzaban a dar sus primeros pasos en el balonmano profesional como el propio Trives, Demetrio Lozano o Juan Carlos Zapardiel.

El tres veces medallista olímpico y campeón del mundo en 2005, recuerda cuando con 17 años iba a entrenar con su bici al pabellón Cajamadrid. “Puzovic vivía por mi barrio e iba a toda leche con su Simca”, ríe. “Tenía una gran calidad atacando, aunque no defendía. Zurdo, con un brazo y una muñeca destacables, buenos tiros de rectificado de cadera y en suspensión”. “Muchas veces me tocaba defenderle en los entrenamientos y tenia muchos recursos, aunque no era bregador. Aprendíamos a base de golpes”, recuerda Demetrio Lozano, que cuando era un chaval veía el Cajamadrid lleno y “quería llegar ahí”. Y vaya si llegó.

El ahora entrenador-jugador del Balonmano Aragón recuerda a lo que hacía referencia anteriormente Samuel Trives: “Se quedaba a tirar penaltis y era un auténtico espectáculo su juego de engaños. Tirara fuerte o flojo, sabías que lo iba a meter. Cuando practicaba el cuatro metros, en el que no podías tirar fuerte, también sabías que lo iba a marcar”, alucinaba el joven Lozano.

También recuerda con cariño, Juan Carlos Zapardiel. “Con Puzovic coincidí en su último año. Para mí fue una temporada increible. Yo llegué siendo un chaval a un equipo lleno de estrellas y Pucho era uno de los grandes”, afirma Zapa, al que le impresionaba muchísmo “la velocidad que imprimía al balón con un movimiento tan corto del brazo”. Nunca olividaré un lanzamiento que metió desde la banda cuando nadie esperaba que fuese a lanzar”, dice. A Zapardiel, que ahora camina sus pasos en el balonmano playa, también le llamaba mucho la atención que solo jugase en ataque. “Un día me atreví a preguntarle que por qué solo jugaba en ataque y me contestó que tenía mucho que aprender para entenderlo”, señala.

Desde que se marchó, Puzovic sólo Volvió a España una vez, en 2003, donde vive su hija y donde le gustaría regresar. De momento, vive tranquilo en Vrbas. En su corazón sigue latiendo el balonmano.

Por Óscar Sáez

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