Micromachismos: ni pequeños, ni insignificantes / Por Yolanda Besteiro
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Micromachismos: ni pequeños, ni insignificantes / Por Yolanda Besteiro

Micromachismos: ni pequeños, ni insignificantes / Por Yolanda Besteiro

La distinción estadística entre macro y micro deja de tener validez fiable y precisa cuando acompaña a la palabra machismo, sin embargo se le puede otorgar un valor añadido claro, nos hace distinguir entre comportamientos desigualitarios considerados por la gran mayoría como menos importantes cuando realmente sí lo son y no por ello deben pasar desapercibidos.

Los micromachismos son machismos que pasan desapercibidos, que se producen en cualquier espacio, por cualquier agente socializador (familia, escuela, grupo de iguales, medios de comunicación) e influyen en todos los ámbitos de nuestra vida (económico, laboral, social, político, cultural, religioso, deportivo…). Son machismos que se propagan con una facilidad pasmosa y muchas veces se dan por buenos o aceptables porque están tan interiorizados que apenas los percibimos o porque son  considerados  precisamente pequeños e insignificantes y no les damos importancia. Pero lo cierto es que no lo son, son el origen de otros muchos que no nos permiten ni a hombres ni a mujeres avanzar en igualdad. Los microbios también son imperceptibles y pequeños y pueden provocarnos gravísimas enfermedades e incluso la muerte, de la misma forma, los micromachismos pueden ser igual de dañinos y perpetúan los roles y esteriotipos tradicionales sexistas.

Mi día a día, como el de cualquier otra persona, está repleto de acciones, de gestos y palabras cargadas de sentido o intencionalidad; está en nuestra mano poder detectar aquellos mensajes machistas que atentan contra la libertad. Expresiones del tipo “no sabe aparcar, seguro que es una mujer”, “eres una nenaza, los hombres no lloran”, “si querías trabajar haberlo pensado antes de tener hijos/as”; refranes menos sutiles como “la mujer en el hogar, su limpieza, su cocina y su labrar, es reina a la que hay que cuidar, la princesa de la casa”; comportamientos como que las cuestiones burocráticas relacionadas con el hogar, normalmente se cree que las gestionan los hombres o que siempre sean ellos quienes paguen la cuenta en un restaurante; o realidades como que en los baños públicos siempre el cambiador de bebés está en el femenino… son claros ejemplos de micromachismos.

Y así, un suma y sigue de cuestiones que no son ni pequeñas ni insignificantes y que marcan el inicio de otros comportamientos más graves, germen de la desigualdad más profunda que sufren las mujeres por el mero hecho de serlo, y que es la violencia de género. Todos y todas tenemos la obligación de descubrir esos machismos para que no continúen su labor de estereotipar, denigrar y violentar. Y cuanto antes lo hagamos con población joven más efecto mutiplicador y beneficioso tendrá. Por desgracia y fundamentalmente, nuestros adolescentes creen vivir en una sociedad libre, donde todo está conseguido, en una apariencia de igualdad que sin duda no lo es. Los estudios e informes de cómo se comportan en sus relaciones de pareja, el bombardeo continuo películas, videojuegos o canciones sexistas que consumen; lo dicen todo.

Ya no vale el “no pasa nada, qué exagerada eres”. Porque todo importa, lo micro también, todo suma.

(*) Yolanda Besteiro de la Fuente es concejala de Igualdad del Ayuntamiento de Alcalá y presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas

 

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