La Marsellesa / Por Javier Villalvilla
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La Marsellesa / Por Javier Villalvilla

La Marsellesa / Por Javier Villalvilla

Por Javier Villalvilla

El pasado 26 de noviembre se cumplieron 73 años del primer estreno de Casablanca, una de las mejores películas de la historia del cine, por no decir la mejor (por lo menos para el que suscribe).

En las últimas semanas se ha hablado de ella, no por ese aniversario sino porque una de sus muchas escenas memorables ha sido recordada tras los terribles atentados de Paris del pasado 13 de noviembre, y en concreto, cuando los clientes del Rick´s Café Américain se levantan y cantan la Marsellesa ante los alemanes. Y ese momento se le ha buscado un paralelismo con el de los franceses que asistieron al partido de fútbol en el Stade de Francia, donde se disputaba un partido de fútbol internacional (curiosamente frente a Alemania), saliendo desalojados cantando su himno. Una hora antes había sucedido en sus puertas un ataque terrorista.

En Francia lo más normal. Orgullosos de sus símbolos, seas de izquierda, derecha o de centro. Y en España ha llamado más la atención porque aquí difícilmente ocurriría. En nuestro país, lo de entonar el himno (porque cantar no podría ser al no tener letra) como mucho dentro del estadio de fútbol. Más allá de éste, en el exterior, en la calle, sería calificado como una cosa facha, rancia o casposa como diría el Sr. Iglesias.

Mientras los últimos atentados de Francia han vuelto a demostrar que los franceses en su inmensa mayoría están unidos ante el dolor y la tragedia, los atentados del 11M en España, y que Alcalá fue tristemente protagonista, vimos y sufrimos la división, también condicionados porque se perpetraron tres días antes de las elecciones. Pero esa es otra historia, o la Historia.

En España mucho tenemos que aprender de los franceses en ese sentido. No para cantar el himno por la calle, pero sino por lo menos para que se le tenga el mínimo respeto al menos al himno y la bandera por todos. El gran desacierto de los republicanos en 1931 fue modificar la bandera de España. Ésta tiene que estar por encima de cualquier cambio o sistema político. Ya tenemos los escudos para que se vayan adaptando a las circunstancias políticas y sociales como así ocurrió con el regreso del régimen democrático. Y si se realiza un cambio que sea con el máximo consenso y no por el capricho de un grupo.

Además, la estupidez de asociar al franquismo la bandera con franjas roja y amarilla, tal como dice al art. 4 de la Constitución Española, votada mayoritariamente por los españoles en 1978, no ayuda. Antes de la República la bandera de España ya era roja y amarilla, es algo obvio pero parece que hay que recordarlo para algunos. Se da además la circunstancia de que en España tenemos políticos, diputados, incluso algún candidato al Congreso, que desprecian la bandera de España pero que luego no tienen ningún problema para posar con banderas de otros países.

A estos les vendría bien recordar la concordia y la aceptación de los símbolos que a finales de los años 70, tras el fin de la dictadura de Franco y el inicio de la transición, imperó en nuestro país y que fueron partícipes la gran mayoría de las diferentes opciones ideológicas que había en España.

Actualmente, algún sector de la izquierda debería plantearse, al margen de ideologías y posiciones políticas, aceptar la unidad en lo fundamental al igual que esta Francia fraternal que tanto envidiamos. Si en España se superara esta situación y ese complejo por parte de algunos, podríamos trasladar toda esa energía que innecesariamente gastamos en estas cuestiones, a lo que al fin y al cabo le preocupa a la gente, resolver sus problemas vitales cotidianos. Con una sociedad no tan politizada e ideológica, que llega hasta los símbolos, nos iría mejor y nos respetarían más en el exterior.

Muchos dicen que estamos en una segunda Transición en nuestro país. A lo mejor llevan razón, y seguro que en esto también, y como consiguió Adolfo Suárez por entonces con la persona más visible del comunismo, Santiago Carillo, sus “descendientes” podrían hacerlo igual.

Y como en la escena de “Casablanca”, entonar todos juntos el himno seguramente no resuelve los problemas de un país, pero la unidad nos hace enfrentarnos a ellos con más seguridad y convicción para resolverlos, igual que los franceses ante el terror yihadista.

*Para los curiosos, aquí el enlace con la escena de “Casablanca”

Los que cantaban la Marsellesa acabaron ganando la guerra. J

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