Espíritu navideño / Por Carmen Carmona
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Espíritu navideño / Por Carmen Carmona

Espíritu navideño / Por Carmen Carmona

Por Carmen Carmona (*)

¡Grrrr! Ya está aquí otra vez. Comienza a colarse en los buzones. Se camufla entre las páginas del periódico del domingo. Empieza a campar libre por las calles, sobre todo en las proximidades de los centros comerciales. Por cortesía de Antena 3 llevamos ya un par de fines de semana entre espumillones, guirnaldas de luces, ponche, galletas y mucho, mucho, mucho almíbar. Demasiado. Y demasiado pronto. Además, están al caer las portadas de las revistas de moda y lifestyle (tipo Telva, Elle, etc.) de diciembre, y eso sí será definitivo: nos habrá invadido el espíritu navideño. Al menos, el de las marcas y el postureo.

Nos saturan consejos con la decoración más cool, los mejores tratamientos para lucir radiante incluso en las celebraciones más largas, las prendas básicas para triunfar en la fiesta de la oficina o las recetas más espectaculares para sorprender a tu suegro, aunque el pobre hombre no tenga necesidad alguna de cenar algo impronunciable.

Y así hasta que llegan los días señalados y empezamos con las felicitaciones: “En estas fechas señaladas, te deseo paz y amor”. ¡Coño! ¡Leñe! Y el resto del año ¿qué me deseas? No. No lo digas. No finiquitemos el espíritu navideño nada más empezar.

Me pasa con las fiestas navideñas como con el día del padre, el día de la madre o el día de los enamorados (el peor de todos). Entiendo las ventajas comerciales y los beneficios que conllevan para las muchísimas personas que viven de ello, pero no me gusta tanta sobreactuación.

Si te quiero, te quiero todos los días. Si me apetece tener un detalle, no esperaré a que me lo recuerde El Corte Inglés. Si vamos a llevarnos bien, que sea siempre y no solo durante la cena de Nochebuena. Por cierto, advertencia: la armonía de la cena de Nochebuena está este año más amenazada que nunca al celebrarse cuatro días después de las Elecciones Generales. Así que, paciencia y menús que no necesiten cubiertos que pinchen o corten.

Ahora, en serio: me gusta que en Navidad hagamos un esfuerzo por mostrar nuestra mejor versión, pero intentemos que nos dure un poquito más. Así no tendremos que reconstruirlo dentro de un año.

A ese espíritu navideño permanente sí que me apunto. Y a las cañas del 24. Y a las del 31. Y a las de la noche de Reyes.

(*) Carmen Carmona es periodista

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