El peligro de subirse en un Ferrari / Por Anabel Poveda
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El peligro de subirse en un Ferrari / Por Anabel Poveda

El peligro de subirse en un Ferrari / Por Anabel Poveda

Foto: Óscar Bejarano

Escribo esta entrada del blog con la tranquilidad que da haberlo sometido a referéndum en Facebook y haber conseguido el apoyo del 100% de los votantes. Ya quisieran Rajoy, Sánchez, Rivera y compañía tener ese consenso. Y si dice el refrán que “el que canta su mal espanta”, yo lo customizo y añado que “el que canta y escribe se purga”, así que me ahorro dos meses de psicólogo (que está la cosita mu mala), y le hago un bien a la comunidad.

Pido perdón al protagonista porque, mientras ponía fin a una preciosa e intensa relación de casi dos meses, me pedía con ojos de gatito de Shrek no convertirse en carne de blog.

Juro que lo he intentado pero, desde el respeto y el cariño que le guardaré siempre, mi pluma le ha ganado la batalla y ha exigido expresarse.

gatodeshrek

Cuenta una leyenda urbana tan extendida como la de la mujer de la curva que existe un reducido grupo de hombres capaces de prometerte casita con jardín, boda de cuento, dos churumbeles, un perrito de anuncio y amor eterno en cuestión de minutos (y cuenta otra leyenda que el 95% de las mujeres vamos y nos lo creemos).

Hasta hace poco había oído hablar de ellos a alguna amiga, a la prima de la tía de la hermana de la cuñada… pero tenía yo mis dudas.

Pues bien, puedo prometer y prometo que ¡existen! ¡Ay amigas mías que haberlos haylos!

La vida puso en mi camino a un auténtico y genuino ejemplar de “Ferrari” (aceleración de 0 a 100 en 4 segundos) y yo que soy una rubia intrépida me subí sin pensarlo dos veces.

Lo cuento por si le sirve a alguna lectora para saber cómo actuar en caso de toparse con alguno. No hace falta que huyáis, es tan fácil como aseguraros de no despegar nunca los pies del suelo y, por supuesto, usar el cinturón de seguridad.

Una característica propia de los Ferrari es su parecido con la espuma: a la misma velocidad que se flipan, se enamoran, prometen, juran y perjuran… suelen desaparecer. Por estadística su amor eterno dura entre una y ocho semanas y, eso sí, en ese tiempo te harán sentir la mujer más extraordinaria del planeta.

Su rasgo distintivo es que la mayor parte del día deben andar dormidos, más que nada por la facilidad que tienen para soñar. Y lo digo porque en cuanto un ejemplar de Flipao (diminutivo cariñoso de Ferrari) te roza por primera vez, como por arte de magia tu pelo brilla más de lo normal, tus pechos se vuelven turgentes, se multiplican tus pestañas y se te aprieta el culo. En cuestión de segundos pasas a ser una diosa del olimpo. Es entonces cuando la felicidad se instala en tu vida, inicias un noviazgo a lo “Fast and Furious”, todo fluye y llegan los planes de viajes, convivencia, presentaciones en sociedad, proyectos compartidos o hijos imaginarios. Tú, que vas subida en tu Ferrari, te haces adicta a la velocidad y sin apenas darte cuenta te conviertes en una flipada como él.

serie

¡WARNING!: Si todavía no has salido a la calle a buscar desesperadamente un Ferrari sigue leyendo porque… aquí llega la cara B.

El peligro de los hombres que sueñan despiertos es que no te ven… te imaginan. Pero su sueño es ligero y en cuanto una palabra, un mal gesto o una reacción que no esperaban de su princesa Disney les despierta, abren los ojos y ¡Menuda putada nena! Llevas el pelo sucio cogido en una coleta, un pijama de osos cuatro tallas más grande, tienes las piernas hinchadas como columnas dóricas y la cara legañosa de recién levantada. Te miran desencajados y puedes escuchar cómo se agrieta su corazón.

Lo que viene después es la parte feíta… el fuego se convierte en hielo, la diosa torna en humana vulgar y un día el Ferrari, que no lleva frenos de serie, se estrella y te manda al carajo con cinco frases sacadas de un libro de autoayuda: “No eres tú, soy yo; estoy cometiendo el error de mi vida porque eres perfecta; lo dejo para no hacerte daño; igual podríamos ser amigos o el socorrido y lastimero creo que necesito un psicólogo porque no paro de cagarla”.

Con suerte habrás disfrutado de la sensación de ir a todo gas y lo bueno de ser visto y no visto es que no suelen dejar daños irreparables, como mucho algún rasguño que se soluciona con un poco de chapa y pintura.

Si alguna ha conseguido dar más de dos vueltas al circuito que me explique cómo y mi más sincera enhorabuena… debe tener ADN de superheroína.

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