El invierno de Alcalá
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El largo invierno de Alcalá / Por Ginés Almazán

El largo invierno de Alcalá / Por Ginés Almazán

Ginés Almazán Campos (*)

Llegué a Alcalá en 1965, contando 8 años de edad, así es que a mis 57 puedo decir que me siento alcalaíno. Creo haber vivido tiempos de grandes cambios en esta ciudad. He experimentado  y acompañado el ritmo social de cada momento, la mayoría de las veces como un observador privilegiado, tal vez poco comprometido, o mejor dicho poco participante, pero en cualquier caso ocupado con tareas de mi propia disciplina  y de mi proyecto empresarial, siendo éste, por fortuna, de una cierta expansión, que me ha permitido llevar el nombre de Alcalá  por territorios a los que tal vez no llega a pesar de sus históricos y patrimoniales atributos.

Efectivamente, lo histórico y patrimonial de Alcalá nos llena de orgullo a todos los que nos sentimos de aquí. Es verdad que el pasado es importante, cuidar y mejorar el patrimonio heredado lo mismo, pero a mí me gustaría reivindicar el futuro y el futuro se construye en el presente, no en el pasado. Puesto que se me ha pedido hablar de esta ciudad, de cómo la ve un empresario con determinada proyección en otros territorios españoles y en otros países, quisiera entonces despertar el interés de mis vecinos, no tanto para superar el pasado, claro que no, pero sí para trabajar en pro de que Alcalá se conozca por lo que hacemos en el presente, por las ideas, proyectos, desarrollos, en definitiva, e insistiendo, para sentirnos orgullosos de los alcalaínos de ahora y de mañana.

En realidad, me gustaría que las gentes de dentro de 200 años celebrasen el Alcalá de ahora, de lo contrario siempre estaremos recordando y utilizando el mismo argumento.

En realidad, me gustaría que las gentes de dentro de 200 años celebrasen el Alcalá de ahora, de lo contrario siempre estaremos recordando y utilizando el mismo argumento. Construir futuro es ponerse de acuerdo en las líneas básicas de crecimiento y desarrollo adaptándonos a tiempos donde todo circula y cambia a gran velocidad.

Ahora no basta con trabajar, de hecho no hay trabajo, al menos el suficiente para emplear a todos. Es necesario inventar, innovar, idear, planificar y ejecutar. Llevar a cabo lo proyectado. Es cierto: ninguna de las acciones que definen esos verbos son sencillas, menos aún para sacar un producto en el mercado actual tan competitivo. Pero no queda otra, ahora sí que tiene una aplicación definitiva lo del “bueno, bonito y barato”.

Invención, innovación e ideación necesitan cabezas culturalmente preparadas; eso se provoca también. No es necesario sólo “nacer”, hay que hacerse y, por tanto, hay que educar en todos los trayectos vitales, desde la infancia y adolescencia para estimular y entrenar en la creatividad a través del disfrute de la misma. Sólo así surgen las ideas y las invenciones de manera natural. Sin embargo, educamos a nuestros hijos, a nuestros alumnos, desde el colegio hasta la misma universidad simplemente para examinarles y ellos se conforman con aprobar y seguir adelante por el título y el engañoso pensamiento de que eso les resolverá la vida y dará un trabajo.

Hace años había en España un ‘casi eslogan’ que decía: “Que inventen otros”. Pues bien, ese modelo, esa cultura que no hemos sido capaces de modificar, nos pasa factura hoy, de manera que somos un país de servicios, sol, playa, historia y patrimonio. Eso es también Alcalá, incluso su universidad, antigua y refundada, con todas las posibilidades para haberse convertido en una plaza universitaria singular y diferente, no ha sido capaz de salir del letargo que adormece a tantas otras en España.

¿Hay vida universitaria en Alcalá?, ¿se nota su influencia y su  impulso en el mundo artístico, empresarial, tecnológico y otras esferas de la dinámica social?, ¿se conoce Alcalá por sus científicos, sus patentes, sus empresas relevantes?, ¿se conoce por tener una compañía de teatro, orquesta de música, compañía de danza o deportistas de élite? Creo que “El carbonilla”, cantaor de jondo de la ciudad, él solito,  hace más en el terreno artístico que las instituciones que deberían crear, sostener y hacer crecer a Alcalá también como referencia artística.

Siguiendo con el discurso, planificar quizás sea lo aparentemente más sencillo. El papel lo aguanta todo, se suele decir. No hay planificación si no hay una buena idea detrás, pero no habrá tampoco buen proyecto que llevar a cabo si no se planifica bien. Es, por tanto, una fase clave en cualquier camino a emprender. Conviene dedicarle tiempo y apoyo de expertos. En esa fase, la interacción entre instituciones alcalaínas, empresas maduras y consolidadas, con aquellos que comienzan, sería fundamental.

Dicha interacción hay que realizarla  a modo, no solo de vivero de empresas, si no de incubadoras, es decir, de ayuda real durante el tiempo que sea necesario a aquellos que comienzan con una buena idea, realista, adaptada a los tiempos, al mercado en cada momento.

En definitiva, las acciones de instituciones y empresas maduras, deben buscar un espacio planificado de generosidad y apoyo a los que comienzan.

Tocando la generosidad y en el terreno de lo institucional y empresarial, quisiera referirme también a un fenómeno que en los últimos años se viene trabajando por parte de mucha gente comprometida: los gestos y acciones solidarias. Y es que las empresas del siglo XXI deben comprometerse igualmente en lo social. Llegamos así al concepto de la responsabilidad social corporativa. Cuantas más empresas se impliquen y desarrollen una conciencia colectiva de solidaridad y apoyo a la sociedad en la que trabajan, más colaborarán para crear un mundo mejor, una ciudad más justa y equilibrada. Muchos empresarios saben de lo que hablo, solo es necesario dar el paso y comprometer algo de su tiempo y recursos en apoyo a los muchos programas que diversas Fundaciones y ONGs tienen en marcha.

Llegamos así con el discurso a la fase de Ejecución. Ya que hemos tenido una brillante idea y el arrojo de plantearnos llevarla a cabo y planificarla, entramos en la fase de puesta en marcha y desarrollo. Pero “con la Iglesia hemos topado”, o sea,  con el muro de las administraciones. permisos, licencias, documentos, tasas, informes técnicos, avales, fianzas, un infinito rosario de obstáculos e inconvenientes que desaniman a cualquiera. Puesto que las administraciones viven de los impuestos que pagamos ciudadanos y empresarios, hay cientos de ideas encima de la mesa para facilitar la vida a los finalmente emprendedores.

Alcalá de Henares

Alcalá de Henares

Consideremos que, por ejemplo, el Ayuntamiento, actor importantísimo en estos procesos, es como nuestro socio en la empresa. Hagamos un trato de colaboración. Déjenme empezar, yo emprendedor en esta fase crítica, permítanme diferir el pago de todas las tasas e impuestos de comienzo, digamos un año, hagan un seguimiento de mi cuenta de resultados, permítanme respirar al principio y, si mi empresa funciona, tenemos una empresa más que pagará sus tasas de inicio e impuestos durante muchos años.

En definitiva, para intentar cerrar esta reflexión. Una ciudad como Alcalá tiene un gran potencial para convertirse en un punto estratégico en lo universitario, empresarial, tecnológico,  cultural, artístico, social. ¿Cuál es la causa de que Alcalá permanezca en un invierno tan largo?, ¿por qué no florece?, ¿qué responsabilidad tienen las instituciones en que no salga de una cierta mediocridad?

(*) Ginés Almazán Campos.
Director de EOM INternacional

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