El fútbol no es casta / Por Javier Villalvilla
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El fútbol no es casta / Por Javier Villalvilla

El fútbol no es casta / Por Javier Villalvilla

O al menos hasta el momento no. En los últimos tiempos asistimos, por los nuevos aires que nos han venido, a la moda de calificar ciertas cosas como “casta”. Tantas, que hemos llegado a leer que hasta ir a la playa era “casta”. Sin embargo, no se ha extendido la idea de que el fútbol sea casta, y que según se ha aplicado a otros temas, motivos podría haber.

El fútbol mueve millones de euros en todo el mundo, es escaparate de fichajes estratosféricos, de cifras escandalosas, incluso en el mundo del fútbol se establecen jerarquías entre clubes poderosos, potentes económicamente, frente a clubs de medio nivel y humildes. Si a esto le añadimos que mientras se pagan millones por traspasos de jugadores todavía hay familias españolas que lo están pasando mal, todas estas circunstancias pueden suponer una antipatía a este deporte. Sin embargo, con alguna posible excepción, el fútbol, hasta ahora, aguanta el tipo en la opinión pública.

Los políticos de la nueva hornada intentaron hacer gestos o toques de atención contra lo que supone y rodea al fútbol pero al final sucumbieron. Por poner ejemplos, la alcaldesa de Madrid dijo que no iría al palco del Bernabéu y a la mínima oportunidad se dejó “caer”. O el alcalde de Cádiz “Kichi”, socio del Cádiz C.F y gran forofo, damos por hecho que defensor del fútbol. Y es que el fútbol, como otros deportes, se configura como un medio de expresión popular, cercano a la gente.

El fútbol es tan popular, tan enraizado en la sociedad, que en ciudades como Santander se hizo una colecta para salvar al Racing, o en Eibar donde se hizo una campaña de crowdfunding para que el equipo de fútbol pudiera jugar en Primera división. Todo, como se suele decir, por “amor a unos colores”, sin pensar tanto en el beneficio global para el municipio. Estos casos se han  producido en un entorno de crisis económica. Hubiera sido muy normal haber encontrado críticas en el sentido de que antes de salvar a un club deportivo sería mejor ayudar a familias necesitadas. Pero el fútbol recibe nuestro perdón, como si estuviera protegido. Muy pocos o al menos con escasa repercusión, lo calificaron de escándalo. La pasión, los sentimientos hace al fútbol estar exento de crítica social.

Cuando un aficionado acude a un estadio o va a un bar a ver un partido de fútbol (u otro deporte de equipo), todas las circunstancias personales se quedan al margen. Sólo permanece el escudo. Se puede tener al lado a una persona que no se conoce, que no opine ni piense igual, puede ser de derechas, de izquierdas, de centro, diferente, pero todo eso se diluye. ¡Cuántos habrán abrazado a un desconocido cuando su equipo marcó un gol!. El día que España ganó el Mundial de fútbol la de abrazos de estos que hubo.

Queda claro que, al margen de otras disciplinas de la vida, el fútbol, la afición a un equipo o club, está por encima de diferencias personales, ideologías, creencias religiosas. El deporte aglutina, une. Aunque por desgracia, hay excepciones, y algunos sí usan el deporte o un club en España para hacer política.

La vida es como un balón de fútbol, avanza pero también puede retroceder, pero siempre gira y rueda

En España, políticos y autoridades tan separados por sus ideas comparten equipo. Rajoy, Rubalcaba son del Real Madrid; Zapatero y Artur Mas del Barça; Pablo Iglesias, Pedro Sánchez, incluso el Rey Felipe son del Atleti. Una agencia de publicidad hace ya unos años reflejó muy bien la fuerza que tiene el fútbol en un anuncio para el Atlético de Madrid. Ambientado en plena guerra civil, el Atleti estaba por encima de ser enemigos.

Además, la globalización, la televisión, internet, la potencia de los medios de comunicación, han hecho que cualquier habitante del planeta pueda ser seguidor del Real Madrid, del Barcelona o u otro equipo. Porque el fútbol es universal, supera fronteras y rivalidades nacionales.

Un calificativo que sin embargo SÍ ha recibido el fútbol era el de asociarlo a gente de poco nivel cultural. La idea de incompatibilizar fútbol y aficionado con inteligencia y buen nivel de cultura hubo un tiempo que estuvo latente. Y aunque todavía se oye que el futbol es como una forma de “aborregar” a las masas, los hechos demuestran que es absurdo. El fútbol, o los deportes en general, gustan o no gustan, pero no tienen que estar reñido con ningún nivel cultural. Toda afirmación contraria al fútbol se cae en cuanto compruebas que grandes intelectuales, escritores de relevancia, hombres de cultura han sido y son grandes forofos del Deporte Rey. Por tanto ya no cuaja, aunque se intente. Incluso, artistas como el cineasta Querejeta o el escultor Chillida llegaron hasta ser jugadores de primer nivel.

Jorge Luis Borges, Albert Camus, Miguel Delibes fueron defensores del fútbol y buenos seguidores de su equipo. Mario Benedetti, Javier Marías, Mario Vargas Llosa que no sólo es gran aficionado sino que es un estudioso del fútbol, incluso llego a ejercer de periodista deportivo en el mundial de España en 1982. Rafael Alberti y Miguel Hernández hicieron su aportación literaria al futbol. Y como no, en el mundo de la música gente como Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Alejandro Sanz, son también grandes aficionados al fútbol. Por citar por último, no podemos olvidar a Placido Domingo, que al margen de ser socio del Real Madrid, llegó a cantar junto a Pavarotti y Josep Carreras en el Mundial Italia´90 y puso su voz al himno centenario del Real Madrid. El Presidente del Patronato del Teatro Real, el director de la Real Academia Española son otros ejemplos de buenos aficionados al fútbol.

El Real Madrid y el Atlético de Madrid disputarán como hace dos años las semifinales de la Liga de Campeones. Nos esperan momentos de emoción, de tensión, sin duda. Si acaba en éxito para alguno de los dos equipos, ¡abrácese con el que tiene cerca!, aunque sea de otra opinión. La vida es como un balón de fútbol, avanza pero también puede retroceder, pero siempre gira y rueda.

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