El eterno retorno en política / Por Antonio Campuzano
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El eterno retorno en política / Por Antonio Campuzano

El eterno retorno en política / Por Antonio Campuzano

La mente quebrantada de Nietzsche en los años finales de su corta vida, cinco más del medio siglo, le daba vueltas a la idea del eterno retorno con la otra idea del superhombre. Se podía imaginar la superación de una etapa histórica para generar sucesivamente otra etapa que supusiese la repetición del tiempo consumido. Y así una vez tas otra.

Pues bien, conforme se encuentran las piezas en el tablero del escenario político de nuestro país, el eterno retorno parece estar servido con la acomodación de todo lujo de detalles. No solamente los presupuestos, sino parece que también las autoridades europeas, se han acostumbrado al ejercicio de la espera, al ejercicio de la paciencia, consistente institucionalmente en dejar pasar el tiempo hasta que el mito del eterno retorno tome cuerpo y habite entre nosotros.

Dos elecciones han sido suficientes para alejar a los partidos emergentes de su protagonismo en la agitación de las cuestiones que supongan una investidura, que a su vez haga posible la formación de un gobierno.

La formación Podemos aleteaba electoralmente en el mes de diciembre del pasado año en forma tal que una revolución parecía cernirse sobre los horizontes más despejados que nunca. Las convicciones fueron ensanchando los territorios de estudio y meditación hasta casi acabar con las dudas que generaba aquel trasnochado régimen conocido como “del 78”, coincidente con aquella Constitución que emanó de aquel tiempo. Las huestes a cuyo frente se encontraba Pablo Iglesias resultaron disminuidas electoralmente hasta alcanzar la meritoria pero insuficiente cota de los 71 diputados.

Ciudadanos, esa marca color naranja con Albert Rivera en la ensoñación de la pureza y la limpieza de abolengo y carácter inviolables para el manejo de las situaciones públicas, se arremangó con unos y con otros, PP y Psoe, pero el plus necesario no podía ser aportado.

Poco resultó de la convocatoria de elecciones para el mes de junio, donde las extensiones de los partidos emergentes no se constituyeron en realidad, máxime cuando Ciudadanos perdió actas y Podemos malgastó la suma de Izquierda Unida hasta repetir el resultado de las Navidades pasadas.

Ahí andan las terceras elecciones como un espejismo que cada tiene menos niebla y más clarividencia. Se considera ya como posible, incluso probable y, es más, hasta conveniente, que se vuelva mental y espacialmente a la ideación del antiguo bipartidismo, como retorno en forma de solución y abandono de regeneraciones ilusorias porque siempre tropiezan con un problema irresoluble desde el punto de vista del cálculo. “No suman, no suman”, así se pronuncia cualquier portavoz lleno de voluntad, pero cercado por las matemáticas.

El mismo Nietzsche, traído aquí al principio, tratado biográficamente de manera magistral por Reginald John Hollingdale, (Nietzsche, el hombre y su filosofía. Ed. Tecnos), se llevaba fatal con las matemáticas en el centro educativo de Pforta, hasta que un examinador cayó en la cuenta que había reparar aquello como fuera: “¿Pero es que vamos a suspender por las matemáticas al mejor estudiante que Pforta haya tenido nunca?”. Y se resolvió con alguna moción excepcional. Pues aquí, la moción de excepción se adivina como reforma electoral con formato legislativo intenso para solventar este colapso, o en todo caso un regreso progresivo a los usos y costumbres del bipartidismo, o se tiene carácter “en funciones para largo rato.

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