Apología de la cultura, Europa y la política (I) / Por Daniel Díez
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Apología de la cultura, Europa y la política (I) / Por Daniel Díez

Apología de la cultura, Europa y la política (I) / Por Daniel Díez

Por Daniel Díez

No sé, alcalaínos, la sensación que cada uno experimenta al leer las palabras antes totémicas y sólidas como Cultura, Europa y Política. Siempre me parecieron que representaban grandes ideales, pero por el efecto de las numerosas crisis que atravesamos las encuentro descompuestas, casi irreconocibles. ¿Por qué no suscitan la adhesión que transmitían antes en un discurso? Recuerden su frecuente identificación con la Libertad y la Democracia. ¿Qué expectativas les transmiten hoy? Estas palabras ya han transitado varias generaciones y la transformación de su sentido se ha acelerado dramáticamente en la sociedad regida por los medios de comunicación. ¿Cómo se han llegado a pervertir los significados para que hoy transmitan connotaciones peyorativas? Las palabras emocionan, tienen una fuerza que cambia nuestra actitud en el momento que las oímos o leemos.

¿Qué siente ante estas frases? “La cultura nos hace más libres”, “Europa ha mejorado la calidad de vida de los ciudadanos”, “La política nos permite alcanzar objetivos que no podemos lograr solos”. ¿Qué siente ante estas frases? “La cultura vive de las subvenciones”, “Europa exige más recortes”, “La política ha corrompido las instituciones”. Al final, el bombardeo, repetición y reciclaje de mensajes, junto a la inmediatez con que consumimos la información, definen el marco en el que pensamos, opinamos y hablamos, limitando incluso el lenguaje que usamos. También influye en cómo sentimos y nos adherimos a unas causas u otras.

La caducidad y el cortoplacismo no dejan espacio al análisis sosegado, al relato que se construye en el largo plazo. Quizá por ello, necesitamos más que nunca referencias y una visión global que analice la contribución que vienen haciendo estas tres áreas, Cultura, Europa y Política, a la vida que tenemos, y a lo que nos jugamos con ellas en el futuro. Debemos evitar que la falta de seducción presente nos haga perder el interés por implicarnos y sembrar hoy los frutos que necesitaremos mañana.

Creo que las crisis por las que pasan estas áreas están relacionadas con la ausencia de políticos que piensen a largo plazo, con la carencia de líderes europeos que crean en los objetivos a los que está llamada la construcción europea y con el deficiente funcionamiento de instituciones educativas, culturales o de comunicación que deberían incentivar la formación, el pensamiento crítico y la participación política.

En 2016 tenemos una serie de hitos para reflexionar sobre el recorrido y proyectar el futuro:

En el ámbito de la Cultura, conmemoramos el cuarto centenario de la muerte de Cervantes. El más influyente escritor en lengua castellana ha atraído la curiosidad de muchos y ha contribuido en la difusión de la lengua y la cultura española en el mundo, a la altura de Shakespeare en lengua inglesa. En el siglo XXI la hegemonía cultural anglosajona se agrieta y en un mundo multipolar el castellano avanza como vehículo de relaciones comerciales, culturales y políticas. El acceso e intercambio de información, el conocimiento científico, la creación artística, la propiedad intelectual, la identidad cultural, las formas de comportamiento de grupos políticos y sociales y su visión del mundo son elementos que están en juego en la lucha global de la cultura. Las políticas de apoyo a la cultura son estratégicas para un país, tanto como lo es la educación de una persona para el resto de su vida.

En el ámbito de Europa, conmemoramos el treinta aniversario de la adhesión de España a la Unión Europea. No podríamos obviar la influencia de España en el continente europeo a lo largo de los siglos pasados, pero en la historia contemporánea el hecho más significativo que contribuyó a salir de una situación anacrónica y aislada a nuestro país, fue la incorporación de España al proyecto de integración europea.

Las infraestructuras, la seguridad alimentaria, los derechos humanos, la estabilidad política del marco democrático, las telecomunicaciones, la movilidad transfronteriza, la protección de espacios naturales, la vida en el medio rural, los intercambios educativos, científicos, culturales, comerciales y muchos otros ámbitos han conseguido un gran progreso gracias al trabajo conjunto de ciudadanos e instituciones interconectados en una red europea, de la que España se ha beneficiado y ha contribuido asumiendo sus costes, haciendo un balance positivo. Es difícil imaginar cómo sería España sin la Unión Europea…aunque pueden imaginárselo.

Este proyecto común, que sigue en construcción, tiene goteras en materia social y de participación democrática que debieran estar en las prioridades de la agenda política para recuperar la confianza de la mayoría de los ciudadanos. Son materias políticas en las que debe avanzar la Unión para no desperdiciar lo ganado ni arruinar el futuro. Está en juego la forma de vida, las libertades, los derechos sociales, la diversidad cultural de los pueblos y la fuerza política de los europeos ante la pujanza de los actores emergentes (países o empresas multinacionales) y los credos antagónicos a la Ilustración y la modernidad. En el siglo XXI, los españoles debemos jugar la carta de la Unión, que es nuestra mayor fortaleza.

Siguiendo en el ámbito de la Política, podemos recordar que el auge totalitario en Europa en los años 20 y 30 y las dos grandes guerras aleccionaron a los europeos para la construcción de un proyecto político de convivencia, modernización y democracia. En España, la primavera democrática y reformista de abril del 31 se truncó por una guerra y cuarenta años de dictadura.

Ya han pasado otros cuarenta años desde que murió Franco y se inició nuestra transición política de la dictadura a la democracia. Los cambios que demandaba la sociedad española y de los cuales fue la principal protagonista, tuvieron su plasmación normativa al “elevar a la categoría política de normal, lo que a nivel de calle es plenamente normal”, dejando después una España “que no la va a conocer ni la madre que la parió”, como condensaron en sus históricas frases los intérpretes de anhelos populares, Adolfo Suárez y Alfonso Guerra. Los hechos evidencian el progreso comparativo que disfrutó una larga generación gracias a las reformas sociales que construyeron el Estado de Bienestar.

Finalmente, “la normalidad” a nivel de calle dejó de tener su correspondencia con “la anormal categoría política” y el 15 de Mayo las plazas señalaron la crisis de representatividad. Hubo quien se quedó mirando al dedo mientras señalaban.

En este momento, debido a la crisis del sistema y a la correlación de fuerzas en el Parlamento, se presenta una nueva transición política en la que son necesarios los acuerdos entre distintos partidos y los pactos de Estado que mejoren el futuro de los ciudadanos, sin pensar únicamente en las expectativas electorales. Los pactos por el empleo, la educación, las pensiones, la vivienda, la lucha contra la corrupción y la reforma constitucional requerirán del diálogo y el esfuerzo que ya ejemplificaron los políticos que participaron en las reformas modernizadoras del primer bienio de la II República y en los Pactos de la Moncloa de 1977.

Dependerá de la actitud que tomemos ante las crisis, que se superen generando avances sociales o que los retrocesos se perpetúen. Ya se ha perdido demasiado tiempo, energías y talento de jóvenes y no tan jóvenes, como para echar a perder la siguiente generación. Ahora no podemos fallar. Nos jugamos mucho.

Muchas de estas cosas pueden parecernos lejanas, pero están conectadas con nuestro espacio más cercano si ponemos en práctica un lema de transformación global: “Pensemos globalmente, pero actuemos localmente”. Ese mensaje invita a llevar a la práctica nuestras ideas, aquí y ahora, en Alcalá de Henares, y asumir los retos que se nos presentan. Por ello, la reflexión que vengo haciendo la bajaré al ámbito de nuestra ciudad, para que pueda ser aplicable en todo lo posible. De esta segunda parte tratará el siguiente artículo.

(*) Daniel Díez Cecilia es Licenciado en Derecho y Secretario de Cultura y Formación de Juventudes Socialistas de Alcalá de Henares

 

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