Antonio Fernández Quer, el amigo de Azaña / Por Vicente Alberto Serrano
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Antonio Fernández Quer, el amigo de Azaña / Por Vicente Alberto Serrano

Antonio Fernández Quer, el amigo de Azaña / Por Vicente Alberto Serrano

Desde la Biblioteca de Babel

Al parecer, Perico Chicote fue el primero que se personó ante la puerta de la Independencia del Retiro aquella mañana del 10 de mayo de 1936. Los guardias y agentes aún estaban adormilados cuando el famoso barman les presentó el cartoncito morado, orlado con los colores nacionales, que le acreditaba para entrar y circular por el parque. «Soy el encargado del bar». Por el contrario los diputados y compromisarios no madrugaron, tardaron bastante en llegar y los primeros –inmediatamente– se apostaron en la barra. Las sesenta chaquetillas blancas de los muchachos de Chicote ofrecían café, cervezas, coñac… Pero algunos reclamaban la presencia del tío de los mejunjes, el barman, porque ellos querían algo más fuerte: un cocktail de pipermint por ejemplo. Dentro del Palacio de Cristal se iniciaron las votaciones, conducidas por Luis Jiménez de Asúa. A las dos en punto se anuncia la proclamación de don Manuel Azaña Díaz como Jefe del Estado español con 754 votos a favor, de los 874 emitidos. Seguido en la votación por el señor González Peña con dos votos y los señores Lerroux, Largo Caballero y Primo de Rivera con un voto cada uno y 88 papeletas en blanco. Seguro que más de un compromisario o diputado se volvían a la barra para tratar de ahogar sus penas, mientras que una hora más tarde, el señor Jiménez de Asúa regresaba al palacio de Cristal para anunciar que le habían comunicado la decisión de la Asamblea a don Manuel Azaña y este había aceptado la designación. Al día siguiente, a las tres y media de la tarde, Azaña, de etiqueta, con banda roja y el gran collar de la Orden de la República subía las escaleras de la puerta principal del Congreso para acceder a la sala, donde como Presidente electo de la República, prestaría la promesa que prevenía el artículo 72 de la Constitución.

Manuel Azaña, en la portada de la revista Estampa

Portada de la revista Estampa. 16 de mayo de 1936

La revista “Estampa”

El sábado 16 de mayo la revista gráfica Estampa, con una tirada media de 200.000 ejemplares, lanza un número especial en el que dedica portada y gran parte de su interior al nuevo Presidente de la Republica. Su redactor jefe Vicente Sánchez-Ocaña presenta, a lo largo de las páginas iniciales, un amplio reportaje sobre la juventud de Azaña, cuando tenía diecisiete años y colaboraba en un periódico local titulado Brisas del Henares. Profusamente ilustrado, reproduce una panorámica de la ciudad, la fachada de la casa natal, una foto de cuando, con nueve años, estudiaba primera enseñanza en un colegio complutense. Incluso la partida de nacimiento, la portada del número 1 de Brisas del Henares, una foto de los redactores de la revista y hasta la tarjeta del banquete que le ofrecieron sus paisanos y amigos cuando fue elegido Secretario primero del Ateneo madrileño. En páginas centrales se reproduce un amplio reportaje gráfico, titulado “La elección presidencial entre bastidores”, aparte de retratar un compulsivo grupo de bebedores asediando unas de las barras de Chicote, también muestra una serie de fotos con los principales personajes que protagonizaron aquella mañana de domingo en el Retiro madrileño: Miguel Maura, Santiago Alba, Gil Robles, Victoria Kent, Dolores Ibárruri, Julián Besteiro e Indalecio Prieto entre otros.

Antonio Fernández Quer

Antonio Fernández Quer, el amigo de Azaña. (Foto de la revista Estampa, 1936).

Fernández Quer, el amigo de Azaña

En la página 30 de Estampa, nos encontramos con el sorprendente titular de una entrevista a Fernandez Quer : “Manolo Azaña me dio 60 duros y un carro para hacerle la campaña electoral”. Antonio Fernández Quer nació en Alcalá en 1876. Cuatro años mayor que Azaña, consideraba a este como uno de sus mejores amigos: «La vida nos juntó de pequeños. La distinta situación social de nuestras familias no nos impedía ser amigos». Recordaba también como hacían comedias en una casa de la calle Escritorios: «En aquella compañía infantil, Azaña era el encargado de dirigir y enseñarnos el valor de las palabras a los más mayores». Años más tarde, cuando Azaña marchó interno a El Escorial, recuerda Fernández Quer que solo se veían en los periodos de vacaciones: «Él estudiaba y yo trabajaba de peón de albañil en una obra de Alcalá. Él se hizo abogado y entró en el Ministerio de Justicia y yo alcancé un puesto en la Compañía de Ferrocarriles y me afilié a la UGT». La vida los volvió a reunir en 1918. Azaña era candidato a diputado reformista por el distrito de Puente del Arzobispo. Entonces existía la conjunción republicano socialista, Quer pidió autorización a Pablo Iglesias para ayudarle en la campaña electoral. La familia Azaña se había arruinado con un negocio de electricidad: «En la estación de Oropesa mi amigo Manolo se despidió con estas palabras: Tienes quince días, un hombre, un carro y trescientas pesetas para hacer toda la campaña. Tu verás como te las arreglas… A mí me quedan otras trescientas. Pero tengo un coche…» Perdieron, pero por lo visto en aquellas jornadas le quitaron el sueño al ganador, el Conde de Mora, cuñado de Maura que se lamentaba de la guerra que le había dado el tal Azaña y del dinero que se debió de haber gastado en la campaña.

La aventura de “La avispa”

Algunos años antes, el 7 de enero de 1910, aparece el primer número de una revistilla satírica titulada La Avispa, que pretendía ‘picar’ los días 7, 17 y 27 de cada mes y, si fuese necesario, más frecuentes picotazos. La redacción, ubicada en la calle Cisneros 24, la componen el socialista Antonio Fernández Quer el carlista Francisco Villalvilla –por entonces concejales del Ayuntamiento de Alcalá– junto a los hermanos Azaña, Gregorio y Manuel. «Arremetíamos contra todo Alcalá –afirma Quer en la entrevista– los mejores artículos, los más duros eran los de Manuel Azaña… un juez se querelló por uno de aquellos trabajos Trataron de procesar al autor pero ante el juez insistí en que yo era quien lo había escrito». El juez no le creyó –¿un albañil?- y le tiró el oficio a la cara como si fuera una deshonra y amenazando: «Va usted a ir a la cárcel para toda la vida… Si yo pudiera demostrar –decía el juez– que ha sido ese niño gótico, le iba a dar un disgusto regularcito». No se pudo demostrar la autoría de aquel ‘picotazo’, pero Quer fue procesado al tiempo que La Avispa dejó de volar. En febrero del año siguiente Manuel Azaña pronunció su célebre conferencia El problema español en la Casa del Pueblo recién inaugurada. Aquella intervención acabó por enemistarle con la ‘buena sociedad’ local.

Chocamos con estas gentes

«Este pueblo no es para nosotros, Antonio –me dijo un día Manolo– Yo no comparto tus ideas. Pero aspiro a otra España… Y chocamos con estas gentes, que son buenas, pero que no quieren moverse del sitio donde están». Antonio Fernández Quer fue candidato del PSOE por Alcalá de Henares en las elecciones generales de 1920 sin resultar elegido. Abandonó la ciudad y ostentó diferentes e importantes cargos. Fue concejal del Ayuntamiento de Madrid tras las elecciones del 12 de abril de 1931. Durante la guerra civil fue secretario provincial de la UGT en Murcia. Con la victoria franquista fue detenido, y condenado a 30 años de reclusión tras Consejo de Guerra. En agosto de 1941 regresaría a ese pueblo que según Azaña, no era para ellos. Pero lamentablemente a la prisión (hoy Parador de Turismo), de donde salió en libertad condicional en noviembre de 1943. Murió en Madrid en 1951, once años más tarde que su amigo Manolo.

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